NOTIMEX
7 de enero de 2016 / 03:13 p.m.

CIUDAD DEL VATICANO.- Melodías de la tradicional marimba y cantos de un coro indígena en lengua Tzeltal al estilo mariachi acompañarán la misa que el Papa celebrará el próximo lunes 15 de febrero en la localidad mexicana de San Cristóbal de las Casas.

Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de esa diócesis ubicada en el sureño estado de Chiapas, anticipó algunos detalles de la ceremonia que presidirá Francisco para unas 100 mil personas en el Centro Deportivo Municipal.

“Los cantos serán parte en español, con la música típica de Chiapas que es la marimba, y después se exhibirá un coro monumental de indígenas que cantan música tipo mariachi pero en tzeltal”, explicó.

“Además estamos proponiendo a la sede de la Iglesia católica incluir signos propios de la inculturación que no son folclóricos, sino maneras propias de hacer oración, como es una danza ritual que es una manera de rezar pero bailando”, agregó.

Precisó que el pontífice será recibido no sólo con el colorido de los trajes típicos de las diversas etnias, sino que durante la misa se rezará en las lenguas autóctonas más importantes como el tzeltal, que es hablado por medio millón de personas, el tzotzil por unas 300 mil y el chol por unas 150 mil.

Reveló que se han desbordado las peticiones de boletos para presenciar el acto, pero advirtió que en los campos sólo pueden entrar 100 mil personas y por eso los billetes ya están agotados.

FRANCISCO VISITARÁ LA TUMBA DE SAMUEL RUIZ

El Papa Francisco visitará la tumba del polémico obispo de San Cristóbal de las Casas y conocido defensor de los pueblos indígenas, Samuel Ruiz García, durante su visita de febrero a Chiapas, en el sur de México.

Como parte de las actividades de la agenda de Francisco en esa entidad, el lunes 15 de febrero recorrerá la catedral de San Cristóbal, donde se encuentran los restos del clérigo, fallecido en 2011 y acusado en su momento de vínculos con la guerrilla del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

El religioso guió la diócesis entre 1959 y el año 2000. Durante años el Vaticano vigiló especialmente su actuar y realizó investigaciones sobre su proyecto diocesano, en el temor de que promoviese una “Iglesia autónoma” separada de Roma.