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26 de enero de 2016 / 08:20 a.m.

Vaticano.- “Yo no creo en los médicos, sólo creo en Dios!” dijo siete años atrás Paulina Gálvez Avila a los médicos que le informaban de la muerte cerebral de su hija de unos meses, poco antes de producirse el milagro que abrió el camino a los altares como santo del “niño cristero” José Sánchez del Río.

Ella misma contó los detalles de la curación inexplicable de su hija Ximena Guadalupe Magallón Gálvez, quien sobrevivió milagrosamente a un infarto cerebral, meningitis, convulsiones y tuberculosis.

Ese acontecimiento, inexplicable para la ciencia, fue certificado como un milagro por el Papa el jueves 21 de enero.

Así se cumplió el último requisito necesario para que Sánchez del Río sea canonizado en una ceremonia cuya fecha aún no ha sido establecida.

“Mientras los doctores me decían que mi hija tenía un estado vegetal, que no se podía hacer nada, yo no creía en ellos y les contesté que yo creía en Dios, que si ellos no sabían que una hoja no se movía sin la voluntad de Dios”, contó Gálvez Avila.

“Cuando la desentubaron para supuestamente traérmela muerta, algunos doctores de Aguascalientes me la trajeron y yo le dije a mi hija que no me iba a despegar, que pasara lo que pasara siempre íbamos a estar juntas.

Cuando la desconectaron, la abracé, ella se despertó y empezó a sonreírle a los médicos”, agregó.

Aseguró que, desde aquel momento, cada 25 de enero celebra a su pequeña con fiesta y pastel su “otro cumpleaños”, el de su regreso de la muerte gracias a la ayuda espiritual de un niño de 14 años martirizado en medio de la persecución religiosa en México.

Para el momento de la curación, madre e hija llevaban meses desfilando por hospitales y consultando médicos.

La bebé nació el 8 de septiembre de 2008 en Estados Unidos, pero un mes después fue llevada a Sahuayo (Michoacán), tierra natal de su familia.