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24 de mayo de 2016 / 08:37 a.m.

México.-Ajeno a lo que ocurría, Erick Javier Najar Montaño estaba ahí, vestido de beige, como cualquier preso. Su mentalidad de niño no le permitió entender que comenzaba su proceso penal por el robo de dos manzanas y un refresco de cola de 600 mililitros.

Erick está encerrado desde hace 34 días en el Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (Cevarepsi), rodeado de otros internos que, aunque cometieron delitos, no tienen la capacidad de comprenderlo.

De acuerdo a un artículo de Milenio, Erick estuvo ayer en la rejilla de prácticas del juzgado 31 Penal. Su tío y la mamá de su novia llevaron la mochila y el pants que cargaba y vestía el 20 de abril pasado, cuando los elementos de seguridad privada de la tienda Soriana, de la Calzada Miramontes, lo acusaron de robo.

"Yo estaba ahí en el pasillo de tuppers, por donde están los vinos, cuando vi que el muchacho tomó dos manzanas y luego pasó por los refrigeradores de refrescos, y cuando había tomado uno, el policía privado llegó por atrás y lo golpeó en la espalda.

"Le dice: 'qué te estás robando', pero el muchacho le respondió que nada, que lo dejaran pagar, pero el guardia lo tomó de una mano y se la puso en la espalda, y con la otra, tomó su cuello y lo sometió.

"Yo quiero que quede claro que todo pasó adentro de la tienda, antes del área de cajas, el muchacho gritaba que no se quería robar nada, que lo dejaran pagar", declaró una testigo en el juzgado.

Enseguida, otra persona abundó que en cuestión de segundos, otros cuatro elementos de seguridad privada llegaron a someter al detenido y pedir el apoyo de la policía capitalina para trasladarlo a la Fiscalía Desconcentrada, en Coyoacán.

"Apenas se lo habían llevado, cuando llegó su abuelita llorando; el muchacho alcanzó a llamarle por teléfono, y fue cuando todos los clientes del Soriana les gritábamos que lo dejaran, que no fueran abusivos", mencionó otro de los testigos que pidió el resguardo de su identidad.

En la audiencia también comparecieron dos maestras del Instituto Herbert de Educación Especial, donde estudiaba Erick, un policía de la Secretaría de Seguridad Pública y un elemento de seguridad privada.

Marcelo Lara, el uniformado que presuntamente lo sorprendió robando, nunca se presentó.

Aunque los representantes legales de Soriana anunciaron que se desistirían de la acción penal, tampoco comparecieron, porque al ser un delito grave el robo calificado, el único que puede concluir el proceso y emitir sentencia condenatoria o absolutoria es el juez Eligio Cruz Pérez.

De acuerdo con el planteamiento expuesto por el Ministerio Público en su pliego de consignación, Erick incurrió en un delito grave, no tanto por la cuantía de los productos, sino "por mostrar resistencia al ser detenido, golpear a un guardia y aparentemente romper una vitrina".

Con la violencia de por medio, el análisis jurídico de la autoridad ministerial de la Procuraduría capitalina propició que el expediente fuera consignado a un juez penal tradicional.

"Los primeros en lamentarlo somos nosotros, por tener a una persona privada de la libertad en esas circunstancias. Estamos apurando el trabajo para que pueda salir, obtener su libertad lo más pronto posible y ahí están las consecuencias del sistema inquisitorio", expresó el presidente del Tribunal Superior de Justicia, Edgar Elías Azar.

La dirección de Derechos Humanos del TSJCDMX ya indaga la actuación de los funcionarios judiciales por este caso.