19 de febrero de 2015 / 12:56 p.m.

Madrid.- Los originales y coloridos disfraces y mascaradas que preceden al periodo cristiano de Cuaresma han creado tradiciones de fiestas populares en España y Portugal.

Una de las celebraciones más famosas de Portugal se produce en la localidad de Lazarin, en el norte del país, con su pagano ritual de "careto", en el que hombres jóvenes ataviados con coloridos paños de lana llevan máscaras de bronce, cuero o madera mientras bailan y persiguen a la gente —en especial a las chicas jóvenes— por las calles, intentando asustarlas haciendo mucho ruido y agitando campanas.

En la localidad de Luzón, en el centro de España, hombres cubiertos de aceite y hollín llevan cuernos de toro y cencerros para representa al diablo. Los registros sobre el carnaval en Luzón se remontan hasta el siglo XIV, aunque se cree que es mucho más antiguo.

Más al norte, en Alsasua, figuras que son mitad hombre y mitad toro conocidas como Momotxorros se impregnan el rostro con la sangre de un animal sacrificado. Con cuernos sobre la cabeza y sábanas teñidas de rojo, rondan el pueblo rugiendo y enarbolando bastones.

En el antiguo pueblo español de Unamu, la gente se viste de como los Mamuxarros, figuras folclóricas vestidas de blanco, con una faja roja y máscaras de metal, y persiguen a los vecinos amenazando con bastones. Según la costumbre, sus supuestas víctimas —por lo general chicas jóvenes— deben arrodillarse y besarles la rodilla después de que les hagan el signo de la cruz en la frente.

En el pueblo vasco de Lesaka, donde el personaje central es el Zaku Zaharrak, los asistentes se envuelven en sacos llenos de paja y amenazan a la gente con bastones adornados con vejigas de animal infladas.

Los pueblos pirenaicos de Ituren y Zubieta celebran uno de los carnavales más antiguos de Europa desde los tiempos del imperio romano. Los vecinos se visten como figuras como el Joaldunak y desfilan por las calles con pieles de oveja en torno a la cintura y los hombres, con sombreros cónicos y cencerros a la espalda.

FOTO Y TEXTO: AP