9 de diciembre de 2014 / 01:21 a.m.

Chilpancingo.- "Solo dos pedacitos", es lo que don Ezequiel Mora Chora, taxista de la comunidad de El Pericón, municipio de Tecoanapa recibirá de su hijo Alexander, quien hasta el fin de semana estaba entre los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala de la Independencia.

La última vez que don Ezequiel tuvo a su hijo en la pequeña casa de paredes de adobe en que lo crió, fue la mañana del 15 de septiembre.

Recuerda que tomaba una taza de atole blanco, con prisa pero con alegría, inquieto por salir para retornar a la escuela en que recientemente había logrado la inscripción.

Estaba por salir la camioneta del transporte público que lo llevaría de regreso hacia la comunidad de Las Mesas, ahí transbordaría para llegar a Tierra Colorada, en donde tomaría un taxi colectivo hacia Chilpancingo y, finalmente la urvan que lo dejaría en el arco principal de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Tixtla.

Once días después, Alexander salió en un autobús rumbo a la ciudad de Iguala para realizar una labor de boteo, tarea encomendada para reunir un poco de dinero, mismo que facilitaría el traslado de una comisión de la Normal hacia el Distrito Federal (DF), en donde marcharían para conmemorar la masacre del 2 de octubre de 1968.

Doce días después de ver salir a su "Chocoyote", como se dice coloquialmente a los hijos menores en los pueblos de Guerrero, don Ezequiel formó parte del grupo de padres de familia que se trasladaron para la Normal Rural, alertados por los ataques de la Policía Preventiva Municipal, los que de acuerdo a reportes de prensa, dejaron un saldo inicial de seis muertos y 56 desaparecidos.

Junto con otros padres organizó las primeras acciones encaminadas a recuperar con vida a los 43 estudiantes desaparecidos, en una búsqueda inicial que no contó con el respaldo de las autoridades.

La jornada del viernes 5 de noviembre, el trabajador del volante fue convocado a la normal Raúl Isidro Burgos, ahí encontró titubeantes a sus compañeros de lucha y al equipo de peritos argentinos, en quien depositó su confianza para analizar los restos entregados por la Procuraduría General de la República (PGR).

No sabían cómo confirmarle que dos pequeñas porciones de hueso habían dado un resultado positivo con su ADN.

"Yo les pedí que me dijeran que pasaba, que si a mi hijo ya le había tocado pues ya ni modo".

Admite que la respuesta fue mala, inesperada y difícil de asumir. Su hijo sería el primero de los 43 en ser identificado.

Comentó algunos detalles con los peritos, luego resolvió regresar al Pericón para dar a conocer al resto de la familia la noticia, hubiera querido no hacerlo, pero no tuvo más remedio que otorgarles el derecho a la verdad.

Enseguida comenzaron los preparativos para esperar lo poco que los criminales dejaron de Alexander.

Los "dos pedacitos de hueso" tardarán hasta dos semanas en regresar a su pueblo, ubicado en la puerta de entrada a la Costa Chica de Guerrero.

"Me dicen que son solo dos pedacitos chiquitos. Los peritos argentinos me dijeron que de esos dos huesitos alcanzaron a sacar el ADN para identificarlo. No nos queda más que aceptar".

FOTO Y TEXTO: Rogelio Agustín Esteban