AP
5 de abril de 2017 / 07:47 p.m.

MÉXICO.- Iván Reyes Arzate el ex policía federal que se entregó a las autoridades estadunidenses en Chicago, trabajaba para el cártel de los Beltrán Leyva al menos desde 2009, según la acusación revelada este miércoles por una corte de distrito del Illinois.

Según la acusación Reyes Arzate mantuvo encuentros directos con Arturo Beltrán, líder del cártel de los Beltrán Leyva, quien murió abatido por las fuerzas federales en diciembre de ese año.

La acusación estadunidense detalla que Reyes Arzate lideró durante varios años una unidad de investigaciones especiales de la Policía Federal y, como jefe de la misma, era "el principal enlace de información" tanto con la DEA como con el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Según un ex policía federal que pidió el anonimato porque ya no forma parte de ese cuerpo, Reyes Arzate estaba en tercer nivel de mano de dicha corporación.

Reyes Arzate era un funcionario con acceso a información confidencial y delicada de la lucha contra el crimen organizado que supervisó operaciones que conllevaron numerosas detenciones, "incluidas las de múltiples miembros del Cártel de Sinaloa acusados en este distrito", dice la acusación sin especificar.

Sin embargo, al mismo tiempo, facilitaba información a los Beltrán Leyva a cambio de pagos regulares que sumaron millones de dólares y conspiraba para "obstruir, influir e impedir" cualquier investigación que les afectara.

"Saben que estás ahí y quieren ver con quién andas. No hables", advertía el ex policía a los capos a quienes incluso proporcionó fotos de las investigaciones en marcha. "Ayer llegó un audio y dijeron que estaban en el segundo nivel. No andes con nadie en público los próximos días", eran el tipo de datos y consejos que daba, según la transcripción de sus conversaciones incluida en la acusación.

El funcionario incluso desveló al cártel la identidad de una fuente de la DEA que, posteriormente, fue secuestrada y asesinada gracias a esa información.

Las unidades especiales, llamadas SIU por sus siglas en inglés (Sensitive Investigative Unit) surgieron en los años 90 para tener grupos de plena confianza con los que Estados Unidos pudiera intercambiar la información más delicada.

Por ese motivo, sus mandos eran entrenados e investigados previamente por los estadunidenses quienes, además, se encargaban de los controles de confianza y los exámenes del polígrafo. No obstante, según la acusación, "algunos comandantes senior" de esas unidades quedaron exentos de tales pruebas.

Según explicó Mike Vigil, ex jefe de operaciones internacionales de la DEA, a The Associated Press, ése era precisamente el problema de esas unidades: que sus mandos se negaban a pasar los controles de confianza aunque los agentes de más bajo nivel sí eran sometidos a ellos.