MILENIO DIGFITAL
15 de noviembre de 2016 / 12:14 p.m.

TIJUANA.- El fantasma de Santiago Meza, El Pozolero, revive en Tijuana, Baja California, cada vez que es hallado un hueso humano, un montículo con grasa corporal, una fosa, y hasta cuando una persona desaparece.

Hay quienes juran que el método creado por el sicario de los hermanos Arellano Félix fue fuente de inspiración para cinco personajes más que gustaban de disolver cuerpos.

Casi nueve años han pasado de la detención de este siniestro personaje, que reconoció haber disuelto en sosa cáustica a por lo menos 300 personas.

El 2 de noviembre de este año la muerte se asomó en Tijuana: efectivos de las procuradurías General de la República (PGR) y General del Estado (PGJE) hallaron una fosa con 50 restos óseos.

De inmediato el presidente de Unidos por los Desaparecidos de Baja California, Fernando Osegueda, atribuyó que era obra de El Pozolero, quien actualmente está recluido en el penal de El Rincón, Nayarit.

El activista tiene su historia con Meza: su hijo, Fernando Osegueda Ruelas fue levantado en 2007 por un grupo de personas que portaban uniformes de la extinta Agencia Federal de Investigación, lo que lo llevó a tocar cientos de puertas para exigir justicia y la ubicación de su vástago.

Cada paso que daba y cada negativa de investigación de las autoridades lo impulsaban a seguir y poco a poco fue ganando el respeto y la confianza de más familiares de víctimas.

Debido a lo anterior formó el colectivo en el momento de mayor violencia que vivió Tijuana, cuando los cárteles de los Arellano Félix y de Sinaloa se disputaban la plaza.

“Tengo dos versiones sobre lo que pasó con mi hijo. La primera es que fue deshecho en ácido por Santiago Meza, y la otra es que está enterrado en la periferia de la ciudad. Me voy por la segunda, porque es la que da esperanza, fortaleza para seguir”, comentó.

Osegueda ha seguido desde hace varios años las líneas de investigación de los actos de El Pozolero, lo que le ha llevado a concluir que “hay cinco pozoleros y al menos diez fosas clandestinas en Baja California”.

“Cuando hablo es porque tengo evidencia. Tengo una averiguación previa en la cual un detenido asegura que Santiago Meza no era el único pozolero que existía en Baja California, que habría cinco más que trabajaban en diferentes lugares al mismo tiempo que Meza.

“Mi obligación como ciudadano y víctima me da para hacer investigaciones, ya tengo los nombres y apodos de los pozoleros, ahora hay que investigar para ver dónde están los lugares donde desintegraron cuerpos y rescatar lo que se encuentre. Hasta ahora se habla de diez fosas clandestinas”, dijo.

En tanto, el coordinador de la Subprocuraduría de Investigación Especial de la PGJE, Miguel Ángel Guerrero, rechazó la versión de los imitadores y que existan otros lugares donde se disolvieron cuerpos.

'Fantasma' de 'El Pozolero' sigue rondando por Tijuana
'El Pozolero' fue detenido en el año 2012, en Tijuana, Baja California. | FOTO: AP 

Al primer sitio, ubicado en la zona noroeste de la capital, se llega tras recorrer un camino de terracería. En lo alto de un cerro una gran cruz blanca vigila el paisaje.

Dos cuartos con techo dos aguas se observan en el fondo, en uno de ellos la tiza negra predomina. Las autoridades locales presumen que ahí, en la cisterna del inmueble que aún conserva ese color del luto, Meza comenzó su macabra tarea.

Metros más abajo hay un montículo que sobresale de los demás, pues tras una década no crece hierba ahí, y es porque en ese punto se arrojaba la grasa corporal de las víctimas. Solo quedan cruces de madera sobrepuestas para no olvidarlas.

La Gallera ha cambiado mucho en los últimos años, se ha urbanizado. Los habitantes conocen a detalle lo que pasaba ahí, y cuando hablan de ello se descubren la cabeza y recuerdan que son vecinos de la muerte.

El lugar toma su nombre porque Meza gustaba de criar gallos y no por ser un aficionado, sino por el fuerte olor que desprende su excremento y ayudaba a disimular el hedor de sus actividades cometidas de 2006 a 2008.

Las autoridades afirman que aquí es donde El Pozolero “depuró su técnica”, toda vez que el cuarto de disolución contaba con tubería y válvulas especiales para que los restos terminaran en dos fosas sépticas.

El colectivo consiguió que la dueña del predio se los donara, por eso no conserva los sellos de extinción de dominio.

Las fosas fueron cerradas con una loza de cemento y arriba se colocó un vitral que simula dos rosas, esperando que un día florezca la justicia para sus familiares.

Osegueda
y su grupo pintaron siluetas de familias y personas sobre un fondo morado y con ellas las preguntas: ¿Qué pasó aquí?, ¿Dónde estás?, ¿Cómo pudo suceder?... cuestionamientos que siguen sin respuesta.

El último punto conocido como La Finca de El Pozolero, lugar donde ante efectivos militares y medios de comunicación Meza confesó sus crímenes y su técnica, todavía conserva una fosa abierta en la cuál se cree que hay restos humanos, entre dientes, grasa y ropa.

Con fantasma o sin fantasma, la violencia sigue en Tijuana, es común escuchar en las radiofrecuencias policiacas: “Un sujeto masculino apareció colgado”, “un masculino tirado con impacto de bala tiene un letrero”, muertos y más muertos.

Las autoridades reconocen la problemática, aunque aseguran que está lejos, muy lejos de la que se vivió en los tiempos de los Arellano Félix y El Pozolero.

“En estos últimos meses hemos tenido un alza en el tema de los homicidios; sí, hemos tenido un repunte en ello, es por el tema del narcomenudeo, los ajustes, las rencillas y el acomodo de droga”.

“Muchos no saben para quién trabajaban, cuando los detienen con droga o por narcomenudeo les preguntan: Para quién trabajas dicen: ‘A mí me dicen que para Sinaloa’. Pero no saben quiénes son sus jefes arriba, quién conforma la estructura y todo eso”, señaló.