MILENIO DIGITAL
28 de julio de 2017 / 12:33 p.m.

QUINTANA ROO.- Lo primero que se observa al desembarcar en la isla Holbox, Quintana Roo, es a los turistas caminando y arrastrando sus maletas sobre charcos. Ellos suponen que se trata de agua de lluvia estancada. Pero no es así: los habitantes de la isla saben perfectamente que se trata del agua residual que brota diariamente de las alcantarillas.

Desde hace poco más de tres años el deterioro del drenaje sanitario y la planta de tratamiento de aguas negras de Holbox tienen a la isla en riesgo de una severa contaminación ambiental.

Según datos de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (Capa), el problema tiene su origen en el sistema de drenaje que se instaló hace más de 18 años, cuando la población era de solo 800 habitantes. En aquel entonces, el tubo sanitario de 4 pulgadas y los 81 colectores de absorción funcionaban perfectamente.

Hoy la población se ha triplicado y 20 de esos colectores han dejado de funcionar. Hace tres años que no cuentan con un sistema óptimo.

Emilio Jiménez, alcalde de Lázaro Cárdenas, municipio al que pertenece la comunidad de Holbox, explica que hoy el mismo sistema con 81 colectores apto para 800 personas lo utilizan 3 mil ciudadanos, mil 500 trabajadores y los fines de semana mil 500 turistas; es decir, poco más de 6 mil personas a la semana.

Actualmente, los dos pozos de absorción con los que se cuenta en la zona centro de la isla, se encuentran colapsados y los más de 30 hoteles, ubicados en la zona sur de la mancha urbana, cerca de Punta Mosquito, tiran sus desechos al mar, o peor aún, a las calles.

Uno de los habitantes afectados es Pedro Gasca, de 58 años. Él tiene una casa ubicada frente a la Plaza Pública. A un lado de su domicilio está una coladera.

“Desde hace tres años el drenaje dejó de funcionar en toda la isla. En un principio cuando lo instalaron y eliminaron las fosas sépticas funcionó muy bien; hoy, ese sistema está rebasado”, denuncia.

Gasca menciona que esto no es lo más difícil que ha tenido que enfrentar. “El pasado 13 de junio, durante una fiesta a la orilla de la playa, un vecino fue corriendo a avisarme que estaba saliendo agua de mi casa. Cuando llegué descubrí que era el agua del excusado que estaba rebozando: la mierda salió durante dos horas continuas”.

El delegado a cargo de Holbox, René Correa, confirma la situación que viven. Durante un recorrido por la planta de tratamiento de aguas residuales, al este de la isla, demuestra que el problema no solo está en las coladeras y los tubos de drenaje.

“Este camino lleno de maleza era la entrada a la planta de tratamiento”, narra el delegado, mientras se coloca las botas de hule y comienza a dar machetazos para cortar la hierba que creció sobre el agua residual que hace más de un año inunda el patio del lugar.

“Lo que estamos pisando no es agua limpia, es toda la que se desborda sobre el mangle que rodea esta planta. Como se puede ver, nos llega a las rodillas y eso que no está lloviendo”.

Al adentrarse más al terreno se ve un edificio al que la humedad arrebató la pintura y una bomba carcomida por el óxido.

En el recorrido nos acompaña un trabajador de Capa, Marco Aguirre: “Es cierto”, asegura. “Esto es resultado del crecimiento poblacional, pero también es culpa de una nula planeación urbana, falta de mantenimiento al drenaje y el olvido por parte de todos los niveles de gobierno”.

René Correa cuenta que a Holbox ingresan al año 15 millones de pesos por pago del predial, la licencia de funcionamiento de hoteles, el pago por servicios de recolección de basura y drenaje, además del uso de suelo a la Zona Federal Marítimo Terrestre, y acusa: “Nada de esos recursos se queda en la isla”.

Mientras conduce el carro de golf de regreso a la alcaldía, René explica cómo se reparten los recursos y va enumerando las alcantarillas rebozadas: en total suman 20.

“El municipio tienen 36 comunidades y los recursos que se recaudan son para todo el territorio. Entonces, nos regresan 40 mil pesos, con los cuales pagamos la gasolina para los camiones recolectores de basura”.

Según datos de Capa, se necesitan 30 millones de pesos para cambiar los colectores de la isla, la tubería de cuatro pulgadas y renovar la planta de absorción y bombeo.

Según el gobierno de Quintana Roo ya existe un proyecto para solucionar el problema, pero ni el alcalde ni los pobladores de la isla saben de qué trata ni cuándo comienzan las obras.

Inclusive, René Correa acusó al gobernador del estado, Carlos Joaquín González, de ignorar sus mensajes y llamadas.

Antes de terminar el recorrido por la isla, el delgado hace una parada en la casa marcada con el número 9. Es una posada en la que el agua que expulsa una coladera ha rebasado los límites de la banqueta. El charco tiene una delgada nata verde, huele a orines y está infestada de moscos.


mmr