MILENIO DIGITAL
12 de septiembre de 2017 / 08:01 a.m.

MÉXICO.- Chiapa de Corzo fue una de las primeras comunidades fundadas tras la conquista española. La construcción de iglesias en Chiapas fue parte primordial del proceso para convertir a los indígenas a la religión católica.

Hoy, algunas de esas primeras iglesias, que resistieron el paso de los años, de los siglos, muestran que su fortaleza, casi celestial, por decirlo así, fue superada por la naturaleza. Del sismo del jueves pasado, ni Dios las salvó: el temblor daño sus cúpulas, reventó sus muros y con los trozos que cayeron desde lo alto, las bancas de los feligreses se hicieron añicos. Las imágenes religiosas ahora acumulan gruesas capas de polvo. Algunas figuras están incompletas, sus cabezas, mutiladas, descansan en sillas.

La cúpula del altar mayor en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán está fracturada, deja pasar los rayos del sol y desprende aún pequeños trocitos de arena. El piso cruje al caminar. Cada paso queda marcado en un piso con polvo fino del mismo color claro que las paredes del interior del templo. Los trozos que se desprendieron de las cúpulas se desparraman ahora desbaratados y esparcidos por los pasillos.

Los domingos, señala el encargado de esta parroquia, Idelmario Hernández, la iglesia recibe hasta 600 personas. Recibía. La iglesia está cerrada. Quien necesita rezar, confesarse o comulgar, puede hacerlo en la cochera de la casa parroquial, habilitada temporalmente pare ello.

En la zona poniente del Chiapa de Corzo, el maestro Mario Espinoza narra cómo hace más de 70 años había visto la iglesia sin cambios, hasta el jueves pasado por la noche, cuando el sismo fracturó la parte más alta y la adornó con grandes grietas. Se reconoce devoto y creyente el hombre.

"Soy católico, creo en los imágenes", señala, al tiempo que su voz se va entrecortando al recordar que el sismo sucedió mientras se encontraba lejos de casa.

"Veía cómo se hacían los edificios, casi chocando uno con el otro", dice, mientas con las manos dibuja en el aire a trayectoria de las edificaciones cuyo bamboleo aún no lo dejan dormir.
"Yo estoy ya más para allá que para acá", dice bajando la mirada y levanta los hombros mientras desde el portón de su casa lo observa su esposa.

En todo el estado existen al menos 52 templos dañados por el sismo, de acuerdo con el gobierno local y el obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi.

Uno de ellos, es el del Señor del Calvario. En ese lugar, los cordones amarillos y rojos con las palabras ‘peligro prohibido el paso’, resguardan la zona. Todavía hay montones de piedras que hasta antes del sábado por la noche formaban parte del área frontal y de la parte trasera del templo. Una escalinata empinada que lleva hasta el atrio reluce su color rojo, resaltado por la lluvia que cae durante la tarde. Por debajo de los cordones de seguridad algunos vecinos y niños intentan escabullirse. Un policía federal que resguarda el lugar los hace desistir.

"La gente no entiende. Dios quiera que esto no se caiga cuando estén pasando", ruega el uniformado.

Otros templos se mantienen abiertos y con el paso constante de personas. En el centro de Tuxtla Gutiérrez, la Catedral Metropolitana de San Marcos sigue erguida. Contrasta su blancura con el azul del cielo chiapaneco. En sus alrededores la gente camina despreocupada. Suena la alerta sísmica y solo algunos aminoran su paso. Otros apuntan con el dedo hacia distintos lugares en las alturas. Buscan comprobar que el sismo es el que mueve varios anuncios luminosos. Nadie lo sabe con exactitud, pues en esos momentos en viento sopla con fuerza.

Paola, una joven brigadista que recopila ayuda para damnificados, permanece sentada.

A su lado una carpa protege del sol botellas de plástico llenas de agua, latas de frijoles, sopas. Llama a quienes pasan para que cooperen, pero a ella, como a la alarma, ya nadie le hace caso.

Sonriente, explica que la alarma ha sonado tantas veces en los últimos días que mejor espera a sentir si el sismo es fuerte o no para moverse de su lugar en la pequeña barda que rodea a la Catedral.

"Ya nos estamos acostumbrando", dice. Como buena parte de Chiapas.

ilp