5 de marzo de 2014 / 07:49 p.m.

LORETO, México.- Desde hace años que las autoridades de Loreto están tratando de transformar a este pueblo costero en un gran atractivo turístico, sin demasiados resultados. Esa es precisamente una de las razones por las que habría que visitarla ya.

Loreto es una verdadera joya. Un sitio histórico ubicado entre montañas doradas y el Mar de Cortés. Es popular entre quienes quieren ver ballenas (a fines del invierno), los amantes de la pesca deportiva (todo el año) y estadounidenses y, sobre todo, canadienses que le escapan al frío del invierno.

Treinta años atrás se decidió promover el turismo en Loreto, como parte de una iniciativa que contemplaba también darle impulso a Cancún, Ixtapa, partes de Oaxaca y Los Cabos. Todos esos sitios florecieron, con excepción de Loreto.

Hace dos años se lanzó una nueva campaña y la secretaría de turismo designó a Loreto "Ciudad Mágica" por sus bellezas naturales, su riqueza cultural y su importancia histórica. Su aeropuerto internacional, no obstante, recibió apenas 40.000 turistas el año pasado, comparado con el millón que visitaron Los Cabos, 480 kilómetros al sur.

No hay cruceros en Loreto, pero sí un Parque Nacional Marino Bahía de Loreto compuesto por cinco islas y accesible solo en lancha, que fue catalogado como Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Oí hablar de Loreto de casualidad y estuve allí una semana durante el invierno del hemisferio norte. Nos topamos con una ciudad donde el tiempo se detuvo por la desaceleración económica, con hoteles a medio construir y locales vacíos.

También encontramos algo del "viejo" México. Abundan los extranjeros amables que ofrecen recomendaciones, algunos festivales pequeños, un estadio de fútbol y una banda de mariachis que toca con pantalones khakis, sin atuendos típicos.

Aquí algunos de los principales atractivos:

HISTORIA

Loreto fue el primer asentamiento español de la península de Baja California, donde los misioneros jesuitas fundaron la Misión de Nuestra Señora de Loreto en 1967. La iglesia estilo barroco sigue funcionando y allí hubo un matrimonio durante nuestra estadía.

Un Museo de la Misión destaca no solo el pasado religioso, sino también la historia política de Loreto, que fue capital regional de 1967 hasta 1777.

A una hora de auto hay una iglesia del siglo XVIII, un sitio de peregrinaje ubicado en lo alto de la Sierra de la Giganta, en San Javier. Por recomendación del dueño del sitio donde nos alojamos, Coco Cabañas, recorrimos en nuestro Jeep alquilado ese pintoresco camino de montaña.

Hay un restaurante en el pueblo, que recién a partir del 2012 cuenta con un servicio de luz permanente.

LA ZONA RIBEREÑA

Hay un bonito paseo ribereño con vistas espectaculares de las islas al este de la ciudad. Pasa por un faro y un pequeño embarcadero, donde se pueden alquilar pangas (pequeñas lanchas con motores fuera de borda) por 100 dólares el día para ir a pescar, observar pájaros o el paisaje marino, o ir a las playas de arena blanca de la isla Coronado.

El pueblo cuenta también con una playa llena de palapas fijas para protegerse del sol y unos extravagantes tachos de basura que parecen fuera de lugar.

CENA

Mi restaurante favorito fue Canipole. No tiene menú ni techo y ofrece frazadas para cuando hace frío. El guacamole lo preparan en la misma mesa y luego viene el plato del día, que casi siempre incluye un mole espectacular.

El Rey del Taco es tan popular que a menudo se agota la comida, para desazón de la gente que hace largas colas. México Lindo y Qué Rico ofrecen estupendos chili rellenos.

PLAYAS

Las mejores están a corta distancia en auto y se llega por carreteras en buen estado.

Unos 30 kilómetros al sur se encuentra la comunidad Ensenada Blanca, que sin duda tiene las mejores vistas del parque marino.

Fuimos a la playa de las Villas del Palmar, un time-share que vende por 65 dólares un pase diario que incluye comida, bebida y el uso de las piscinas y la playa desde las 10 de la mañana hasta las seis de la tarde.

Dado que en México todas las playas son públicas, decidimos no sacar el pase y compramos nuestro almuerzo en el restaurante del lugar. Alquilamos kayaks y un paddleboard de parado.

Más cerca de Loreto, ocho kilómetros al sur, está Nopolo, un pueblo donde un grupo de inversionistas decidió construir en el 2004 una comunidad para 6.000 turistas con comercios y un campo de golf. Solo se construyeron el campo de golf, viviendas para algunos cientos de personas un hotel (el Inn at Loreto Bay) porque se vino una recesión.

A través del hotel llegamos a una playa de 6,5 kilómetros , pero nos quedamos poco tiempo porque no la habían limpiado y no había nadie en el puesto de alquiler de equipos. La falta de personal resultó inesperada en vista de que el hotel fue adquirido hace poco por Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo.

La llegada de Slim a Loreto ha generado enorme expectativa pues se cree que puede revitalizar la zona. Por ahora, no obstante, su presencia ha sido mínima, aunque le cambió el nombre al hotel, que pasó a llamarse Loreto Bay Golf Resort and Spa.

AP