MILENIO DIGITAL
28 de junio de 2017 / 09:21 a.m.

MÉXICO.- A sus 15 años, Itzel ya fue exonerada del delito de homicidio. Incurrió en ese ilícito al forcejear con el hombre que la violó. Después de soportar una y otra vez las agresiones, la adolescente tomó el cuchillo con el que la amenazaba y se lo clavó en el abdomen.

Durante un mes, la presión fue latente. Denunció, se sometió a estudios médicos y ginecológicos, a pruebas psicológicas, a encarar muchas veces la insensibilidad de la policía y del Ministerio Público, todo con el propósito de que las autoridades judiciales establecieran que había actuado en legítima defensa.

En entrevista con Azucena Uresti para MILENIO Televisión, la madre de Itzel, María de la Luz Hernández, afirmó que esta exoneración llegó gracias a la presión social que ejercieron al hacer público el caso de su hija. La joven, guardando su identidad, pidió ante las cámaras no ser tratada como delincuente.

La señora también acusó que fueron tratadas con “despotismo” e incluso insistió que desde la Procuraduría capitalina se filtraron sus datos y tanto ella como su hija comenzaron a recibir llamadas amenazantes de desconocidos.

LA HISTORIA

El 1 de junio pasado, Itzel regresaba de la escuela cuando Miguel Pérez Alvarado la interceptó para abusar sexualmente de ella en el bajo puente de la avenida Miguel Ángel de Quevedo y Calzada de Tlalpan, colonia Atlántida, en la delegación Coyoacán.

La carpeta de investigación de la Fiscalía de Delitos Sexuales señala que aquella tarde la adolescente había entregado unos trabajos escolares y para llegar a su casa decidió caminar.

Ese momento fue aprovechado por el desconocido que la abrazó y le ordenó que caminaran o de lo contrario amenazó con matarla con un cuchillo. Ella dice que a su lado pasaron personas y vehículos que solo observaban a la distancia. Nadie la ayudó.

Así llegaron al puente vehicular donde la violación fue brutal, más de 10 veces. En un descuido, el agresor tomó el cuchillo y al tratar de clavarlo, Itzel ejerció fuerza y lo hirió en el abdomen.

“Ya me picaste, perra”, gritó el sujeto que trató de incorporarse, mientras la adolescente pidió ayuda y ante la policía lo reconoció como su violador.

Mientras ella asimilaba la agresión sexual, el hombre que la sometió en las inmediaciones de la estación del Metro Taxqueña agonizaba en una cama del Hospital Xoco. Ahí estuvo 48 horas hasta que falleció y su cadáver fue canalizado al Instituto de Ciencias Forenses.

Sin embargo, nadie preguntó por la salud de Miguel, ni tampoco se han presentado a reclamar el cadáver, que permanece en una gaveta. Siguiendo los protocolos institucionales, ha servido para las prácticas de los alumnos de las escuelas de medicina. En breve podría ser enviado a una fosa común.

LA EXONERACIÓN

Para corroborar que este homicidio fue en legítima defensa, las autoridades judiciales ordenaron la realización de una necropsia bucal, la confrontación de peritajes en genética, exámenes médicos y análisis psicológicos.

“Se determinó que la víctima queda libre de toda responsabilidad, debido a que actuó en legítima defensa, en virtud de que su integridad física y su vida estuvieron en riesgo. Por lo anterior, se elaboró la propuesta de no ejercicio de la acción penal”, concluyó la procuraduría capitalina.

En conferencia de prensa previa a la conclusión de las autoridades judiciales, el padre de Itzel afirmó que su hija ha dejado de ir a la escuela porque tiene miedo, aunque para las autoridades, esto es parte de la terapia.

“Ella asiste a su terapia, pero cómo estarán las cosas que la psicóloga que la atiende le dijo que se pusiera a hacer algo, que dejara de estar de huevoncita”, reprochó la madre.


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