MLENIO DIGITAL/ÉRIKA FLORES
4 de agosto de 2015 / 07:44 a.m.

Zamora, Michoacán.- "¡Rosa está muy bien!", afirma el sacerdote Alfonso Verduzco Pardo, primo de Mamá Rosa. "Está muy contenta, feliz y tranquila. Ahora está enfocada en rescatar muchachos de las drogas y vicios, pero los va tomando de uno a uno. Los acompaña, invita a comer y motiva. ¡Es muy lista! ¡Ya ha logrado redimir a algunos!".

Así vive ahora la mujer más polémica de Zamora, Michoacán, quien fundó y durante 65 años sostuvo el albergue La Gran Familia. Ha pasado un año desde que éste fue cerrado por las autoridades federales y a decir del padre Verduzco, Mamá Rosa le ha confesado que esa es ya una etapa superada.

"Ayer estuvo aquí y comió conmigo. Mentira que tenga un nuevo albergue, ¿Con qué, para qué?, me ha dicho; incluso dice sentirse liberada, porque a su edad ya no podía con 600 niños".

Rosita -como le llaman la mayor parte de los zamoranos- podrá tener 80 años, seguir siendo diabética y haber bajado muchos kilos de peso desde que perdió su albergue, pero la realidad, es que sigue activa (aunque de manera discreta) rehabilitando de manera individual a niños y jóvenes en situación vulnerable o de calle. A algunos les ha conseguido empleo, pero nadie sabe con precisión quiénes son, cuántos han sido o adónde los lleva.

Recientes publicaciones periodísticas señalan que están en una de las varias casas que posee; activistas de organizaciones civiles acusan que hay tres jóvenes embarazadas y chicos con discapacidad mental, pero los domicilios precisos de las casas convertidas en pseudoalbergues son un misterio.

"Está cerca de aquí", declaró un niño limpiaparabrisas. "Aquí derecho, sigues por allá, das vuelta acá y ahí mero llegas. Su coche gris está en la entrada". Las indicaciones llevan al número 189 de la calle Calcuta, a 10 minutos del ex albergue de dos hectáreas que sigue resguardado por la Policía Federal. En efecto, hay estacionado un auto Honda color gris. Los vecinos confirman que Rosita vive ahí desde hace poco tiempo. Algunos la miran con agrado, otros con evidente rechazo.

Nuestro pequeño informante relata: "Siempre pasa por aquí diciendo: ´¡Vayan a mi casa, les invito un taco!'. Pero yo no voy ¿Qué tal que me agarra y me quedo encanado (preso) siete años?".

En plática colectiva sus compañeros confirman que Rosa Verduzco los busca a la hora de la comida, a bordo del auto gris donde recoge a quienes aceptan el taco; aunque, dicen, han sido "poquitos".

Con cautela, el DIF municipal marca distancia. "No somos autoridad competente, no tenemos ningún reporte al respecto. Solo notas periodísticas en web sin fundamento".

Una casa de dos pisos con cerca electrificada y paredes altas que colinda con un terreno baldío. Se escucha ruido, pero nadie abre la puerta tras tocar el timbre. Desde dentro una voz femenina atiende a gritos. "¿Quién la busca, de parte de quién viene?". Al saber que es la prensa, reacciona: Mamá Rosa no está porque salió al velorio de un hijo y no puede dar más información porque no quiere perder su empleo.