LETICIA FERNÁNDEZ
9 de mayo de 2016 / 03:27 p.m.

Ciudad de México.- No fue por pobreza que Marcos Gregorio planeó y mató a una madre y su hija para robar sus pertenencias. Lo hizo, “influenciado por los videojuegos”, para conformar su banda de sicarios.

Durante los últimos meses el joven de 17 años concentró su vida en perfeccionar sus habilidades de sicario a través de Resident Evil, videojuego que le permitió contactar a otros menores para intercambiar ideas, pero sobretodo aprovechó el Facebook para invitarlos a pasar de la fantasía a la realidad.

Lo hizo con varios adolescentes, pero solo dos le hicieron caso: Jonathan y su primo Gabriel, de 16 y 13 años, respectivamente.

Los tres entraron a la casa de sus víctimas en la calle Diego Rivera, esquina con Ramos Millán, en la colonia San Miguel Teotongo, delegación Iztapalapa.

La menor de 14 años, quien unas horas antes había recibido un diploma por sus excelentes calificaciones, recibió 18 puñaladas con una ballesta.

La madre de familia, quien se dedicaba al cuidado de su hijo discapacitado, fue agredida una y otra vez hasta que quedó inconsciente. El crimen fue el pasado 3 de mayo.

La procuraduría capitalina informó que el doble homicidio era porque los agresores pretendían robar las pertenencias de las víctimas, debido a la pobreza en la que vivían, pero lo cierto es que buscaban allegarse de recursos económicos para comprar armas y dedicarse a ser sicarios.

Así lo revelaron en sus declaraciones ministeriales los tres menores cuando fueron detenidos. Ante las autoridades, advirtieron que los 20 mil pesos era para adquirir pistolas.

La influencia de Marcos Gregorio sobre las armas, los asesinatos, los delitos, policías, militares y demás lo traía desde la cuna. Su madre es elemento de la Policía Auxiliar de la Ciudad de México en activo, según la averiguación previa IZTP/IZP-10/T3/371/16-05.

De hecho, en la vivienda que rentaban, en el mismo predio donde ocurrió el crimen, hay gorras y uniformes de la policía capitalina, así como ropa camuflajeada que Marcos gustaba vestir.

Su inclinación por las armas era evidente, en las largas horas que pasaba en el café internet, propiedad de su padrastro, combinaba los videojuegos con lecturas sobre equipamiento.

Las redes sociales acercaron a Jonathan y Gabriel a perpetrar el doble crimen. Ellos también estaban inmersos en los videojuegos, y ante las autoridades, admitieron los planes que les compartió Marcos Gregorio.

La familia de las víctimas piden cambiar las leyes y hacer más duros los castigos para los menores que incurren en delitos graves, como el homicidio calificado.

Enterarse que la pena máxima será apenas de cinco años de internamiento, los hizo levantar la voz, mucho más cuando supieron que el de 13 años quedó en libertad porque no es susceptible de acción penal, según la Ley de Justicia para Adolescentes.