MILENIO DIGITAL | FRANCISCO MEJÍA Y FANNY MIRANDA
22 de noviembre de 2016 / 10:15 a.m.

MÉXICO.- El 8 de junio de 2015 el Comité de los Derechos del Niño de la ONU entregó al gobierno mexicano observaciones en las que califica a la tauromaquia con la participación de niños toreros de "una de las peores formas de trabajo infantil", pero México hizo caso omiso al señalamiento.

La violación a esa observación viene de gobiernos municipales y estatales. Un ejemplo es el del municipio de Texcoco, que autorizó una corrida de toros el sábado pasado con la participación de niños en el ruedo.

El comité de la ONU pidió a México "adoptar medidas para hacer cumplir la prohibición en lo relacionado a la participación de niños en el entrenamiento y actuaciones de corridas de toros como una de las peores formas de trabajo infantil y tomar medidas para protegerlos en su capacidad de espectadores, creando conciencia sobre la violencia física y mental asociada con las corridas de toros".

Pero las novilladas con niños continúan, a pesar de que las observaciones de ese órgano internacional son de "cumplimiento obligatorio" para los países miembros.

Taurinos responden

"Vamos a seguir, yo voy a defender el sueño de mi hijo como lo haría cualquier mamá si su hijo quiere ser futbolista, nadador o karateka, el mío quiere ser torero y lo voy a apoyar", señaló Elsa Guadalupe Enríquez, madre de Alejandro Moreno, El Castelita, un niño encantado por el ruedo.

"Hemos recibido muchos ataques de antitaurinos cuando asistimos a las plazas de toros y por redes sociales nos dicen asesinos. Le han gritado a mi hijo que es un asesino, (pero) a las vaquillas no se les maltrata, no la pican, únicamente la torea", abundó.

Enríquez exhortó a las organizaciones que se oponen a conocer la formación de los niños toreros, que, según ella, fomenta valores de respeto y disciplina, y requiere un entrenamiento físico constante, alejándolos de la violencia.

Los familiares reconocieron que es una actividad de riesgo, pero "también en otros deportes de contacto como el fubtol americano, que con todo y que están protegidos hay lesiones en la cabeza; igual con boxeadores o futbolistas", señaló Pablo García, tío de El Castelita.

Al igual que El Castelita, Cristóbal Arenas, El Maletilla, de 10 años y Emiliano Osornio, de 13, quieren llegar a ser toreros y afirman que es su sueño y su decisión.

"Yo empecé a torear desde los 8 años, tengo 13. Me causa algo que no sé expresarlo en palabras. Siento miedo, nervios, una pasión por estar ahí con el toro (...) Cada uno tiene sus derechos y siento que los antitaurinos violan nuestra privacidad", expresó Osornio.

El sábado pasado esos niños participaron en la Becerrada de Lujo realizada en la privada plaza de toros Cinco Villas, en Santiago Cuautlalpan, Texcoco.

Quejas y respuestas

La organización de Abogados Animalistas de Tijuana ha presentado en comisiones de derechos humanos de algunos estados quejas acompañadas de videos, fotos y demás pruebas en Ciudad de México, Yucatán, Jalisco, Michoacán, Querétaro, Aguascalientes, Tlaxcala y Nuevo León, pero con pocos o nulos resultados.

Días antes de la corrida en Texcoco presentaron una queja con la intención de que el evento fuera cancelado, pero la becerrada se llevó a cabo bajo el argumento de que ya había aficionados a la fiesta brava que habían ingresado desde temprano.

Las promotoras de la queja, Xane Vázquez y Carmen Villarreal, señalaron a MILENIO que esto sucede casi en todo el país. "Las autoridades competentes han sido omisas en tutelar el derecho de los menores", expresaron tras recordar que está "prohibida la participación activa o pasiva de menores" en esos encuentros, según la recomendación de la ONU.

Vázquez dijo que la queja contra las autoridades del municipio de Texcoco quedó asentada con el folio CODHEM/CHA/TEXC/356/2016. MILENIO pidió a la defensoría de derechos humanos su opinión, pero respondieron que por normatividad no podían manifestarse hasta concluir la investigación.

Son pocas las recomendaciones emitidas, por ejemplo, la comisión de Tlaxcala pidió a los padres de familia "reflexionar al llevar a sus hijos a los toros". En seguida, incluyó la observación de la psicoterapeuta Nelly Glatt: "No se establece como regla general que los menores de edad que presencian este tipo de espectáculos genere en ellos alguna afectación emocional o se violente con estos sucesos su derecho a la protección sobre cualquier tipo de violencia".