ESPECIALES MILENIO POR JAVIER VEGA
14 de octubre de 2016 / 03:24 p.m.

XALAPA.- Dos de septiembre, panteón de Palo Verde en Xalapa, Veracruz. Entre lápidas descuidadas y matorrales, un grupo de 20 personas está a punto de descubrir un oscuro secreto. La zona fue acordonada con cintas amarillas y los peritos de la fiscalía se disponen a exhumar los restos de una tumba privada.

Es el tercer intento para localizar a una joven que lleva cinco años desaparecida. Esperan encontrar los restos de una persona que falleció en 2012, y quizás a la joven… pero el hallazgo es mucho peor.

Ante la mirada incrédula de todos, incluyendo familiares, representantes de la PGR y la CNDH, del hueco en la tierra emergen los restos de tres personas más. Nadie sabe quiénes son. Uno de ellos, por su descomposición, murió hace poco.

El olor fétido se extiende. “¡Hay más cuerpos!”, dicen los peritos mientras se movilizan. La noticia llega a oídos del fiscal del estado, quien minutos después constata el hallazgo en persona.

Ya en el cementerio, Luis Ángel Bravo hace preguntas y toma su teléfono celular. Desde ahí llama al alcalde de Xalapa, el priista Américo Zúñiga. Con un tono político, usual entre funcionarios, le pide que se presente en el lugar. El edil llega solo para constatar el desastre en su panteón.      

A cierta distancia, la escena es observada por Pedro Mávil, padre de Gema Mávil Hernández, vista por última vez el 3 de mayo de 2011. En Palo Verde, el descubrimiento es brutal: los cuerpos que en el papel, deberían estar ahí, no son localizados.

Y en su lugar han aparecido otros. Pero la revelación no hubiera ocurrido sin don Pedro, sin la valentía con la que ha luchado durante años por la verdad y justicia en el caso de su hija.

Gema tenía 29 años cuando fue secuestrada. De tez morena clara, ojos grandes y cabello negro, era egresada de la Universidad Veracruzana y trabajaba como administradora. En casa de sus padres, en el municipio de Xico, se extraña su espíritu servicial y cariñoso, sobre todo su risa a carcajadas.

Sus captores contactaron a la familia y pidieron un millón de pesos. Pero la intervención de negociadores del gobierno y los operativos para encontrarla no dieron resultados. Fue entonces que su padre, de 66 años, se convirtió en el principal investigador del caso. Pedro Mávil dejó su trabajo como contador para dedicarse de lleno a la búsqueda de su hija.

“Si no era yo, no era nadie”, dice enfático don Pedro, quien varias veces tuvo que arriesgarse. “Yo andaba preguntando, iba a zonas peligrosas donde hay viviendas abandonadas e investigaba posibles indicios de casas de seguridad”, relata con una fortaleza inexplicable, como la de un árbol que quedó en pie tras la peor de las tormentas.

Cinco años después de los hechos, en mayo de este año, las pesquisas de don Pedro lo llevaron al panteón de Palo Verde.

Una carpeta de investigación describía la inhumación de un cuerpo femenino con características muy similares a las de Gema en la fosa común.

Fue entonces que, con ayuda de los colectivos que buscan a desaparecidos, solicitó la exhumación a la fiscalía. En ese momento nadie imaginaba las consecuencias…


La capital de Veracruz tiene cinco panteones: uno particular, otro a cargo del estado y tres municipales, entre ellos Palo Verde, que data de 1903. En sus 12 hectáreas alberga los restos de al menos 30 mil personas, incluyendo los depositados en la fosa común.

En Palo Verde, el abandono es la constante: paredes descoloridas, tumbas descuidadas, ataúdes oxidados y apilados sobre el terreno, flores secas y matorrales que crecen sin control. En el área de fosa común, según los registros, se han inhumado 182 cuerpos. Pero hoy hasta los responsables del cementerio dudan de su cifra.

“No nos queda claro qué pasó. No evadimos la responsabilidad, pero mediante un análisis se tendrá que aclarar qué cuerpo está ahí y de dónde proviene”, señala en entrevista el titular de Espacios Públicos de Xalapa, Horacio Castañeda.

A raíz de los hechos, comenta, se reforzará la seguridad del camposanto con una barda perimetral y algunos veladores. “Sabemos que el panteón es vulnerable y que pueden entrar personas extrañas”, afirma el funcionario.

Por eso, el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia AC ha solicitado una exhumación masiva, tal como ocurrió en Tetelcingo, Morelos. “Empezaríamos en Palo Verde, pero tendríamos que extender el esfuerzo. Es importante que tengamos la seguridad de qué hay en los panteones del estado y que haya claridad en la identidad de las personas inhumadas ahí”, precisa Édgar Cortés, coordinador del instituto.

Esta solicitud se hizo verbalmente a la fiscalía, confirma la abogada del caso, Volga de Pina, quien desde la Ciudad de México acompaña el caso de Pedro Mávil y otros familiares de desaparecidos en Veracruz: “Tenemos que encontrar a Gema Mávil, así tengamos que exhumar todo ese panteón y los demás en el estado”.

En casa de los Mávil, don Pedro se queda mirando la puerta. Confiesa que, pese a todo, no ha perdido la esperanza. Prueba de ello es el cuarto de su hija, que permanece intacto: su cama tendida, su tocador y ropa colgada, algunas imágenes religiosas y fotografías con amistades.

La suya es otra familia veracruzana que, en la peor de las tragedias, no descarta un milagro. Como dice don Pedro: “Tenemos fe en que algún día todo nos parezca un sueño, una pesadilla, y que mi hija regrese viva, sana y salva”.