MILENIO DIGITAL
31 de marzo de 2017 / 01:55 p.m.

CIUDAD DE MÉXICO.- La ceguera no es impedimento para moverse en la Ciudad de México.

Los perros pueden convertirse en los ojos de una persona invidente si reciben el entrenamiento adecuado y en México hay sólo una institución que ofrece el programa desde hace 29 años.

“La discapacidad en sí misma no es un problema, sólo es una característica física más y sin la vista podemos ser autosuficientes”, dice Silvia Lozada Badillo, invidente desde los 3 años de edad y fundadora de la única escuela de entrenamiento para perros guía en México, y la primera en América Latina.

A su lado descansa Arieta, la quinta perra que le ha acompañado desde los 19 años. Arieta lleva un arnés con la leyenda “No me toques, estoy trabajando”.

La discapacidad visual no le impidió terminar la educación básica, pero al llegar a la adolescencia tuvo que empezar a desplazarse sola y, con ayuda del bastón blanco, todo fue más complicado.

Los obstáculos en el camino le impedían moverse con rapidez hasta que, a los 19 años ,recibió el apoyo de la escuela Leader Dogs for the Blind, en Michigan, que le donó una perra guía y le ofreció la capacitación necesaria.

Pero en México todo era distinto.

“Me di cuenta de que las leyes, las calles, no eran apropiadas para perros traídos del extranjero. Además de la libertad que mi perro me daba, me hizo pensar que había personas ciegas, sobre todo de escasos recursos, a los que nosotros pudiéramos brindarles este recurso. Así que seguí estudiando derecho en la universidad y al concluir me dediqué al proyecto orientado a brindar ojos a personas ciegas con ayuda de los perros”, contó.

FOTO: MILENIO DIGITAL
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El duro oficio de ser un perro guía

Desde su fundación en 1998, la Escuela para Entrenamiento de Perros Guía para Ciegos ha graduado a 112 binomios, como define a la pareja conformada por una persona ciega y su lazarillo.

El proceso es largo y complejo: comienza con la selección de los cachorros, principalmente Labrador Retriever y el Golden Retriever, de las camadas o de las donaciones que reciben.

Después de las cuatro semanas, les hacen pruebas a los cachorros para examinar sus reacciones a nuevos sonidos y a personas extrañas; aprenden a caminar con correa y son enviados a familias adoptivas y voluntarias que los cuidan durante un año.

Luego regresan a la escuela y comienzan el programa de entrenamiento especializado durante cuatro meses, en los que se acostumbran a usar un arnés confeccionado con cuero y que lleva una manija metálica con puntas sujetadas a argollas prendidas del correaje, lo que permite a la persona ciega sentir los movimientos que hace el perro guía.

Durante el entrenamiento, el perro aprende a moverse en la ajetreada Ciudad de México: a detenerse en las esquinas de las banquetas para que el invidente no se tropiece cuando suba o baje, luego a girar en ambas direcciones, a desviar obstáculos, cruzar vías, subir al Metro.

También aprende a desobedecer a su dueño para proteger la vida de los dos: si observa un vehículo en movimiento, un perro entrenado se niega a cruzar la calle aun cuando el dueño se lo pida y obliga a su dueño a bajar de la acera para esquivar un obstáculo aunque por su altura no le afectan directamente.

Ahora, la institución con 29 años de servicio está a punto del colapso por la falta de recursos y la revocación de un permiso de la Ciudad de México.



Formar un perro guía es costoso, significa una inversión superior a 300 mil pesos en un año por concepto de albergue, alimentación y entrenamiento, recursos que no se recuperan porque no se venden sino que se entregan en comodato, por 7 o 9 años, a los solicitantes que cumplan con los requisitos. La lista de espera supera las 50 personas en todo el país.

Para sostenerse, la escuela recibe donativos y aportaciones deducibles de impuestos, pero no es suficiente; por ello, desde 2002 cuenta con un hospital veterinario que da servicios de bajo costo, una pensión y programas de entrenamiento.

La escuela también ofrece programas de rehabilitación integral a personas que acaban de recibir un diagnóstico de visión baja o ceguera irreversible.

“Podemos brindarles movilidad a través del bastón blanco, enseñamos lectoescritura en sistema Braille, computación con el lector de pantalla parlante y terapia psicológica”, dijo Lozada Badillo.

Desde que recibieron el inmueble en préstamo en 2002, Lozada Badillo notificó a las autoridades de los servicios que prestaban y su justificación: “hubiéramos tenido que cerrar hace años, hace mucho que las donaciones van a la baja. Las empresas que nos apoyaban cerraron o bien decidieron apoyar otras causas como el combate al cáncer, atención a los niños y alimentación”.

La Contraloría Interna del Gobierno de la Ciudad envió a la institución un aviso de revocación del permiso administrativo del uso del inmueble, luego de una visita de inspección.

El argumento fue la venta de accesorios y alimento para perros, así como la prestación de servicios generales para perros, dijo Lozada.

La semana pasada, la administración de la escuela y representantes del Gobierno de la Ciudad de México acordaron realizar cambios en el registro para renovar el permiso a título gratuito y que continúen realizando las actividades para generar ingresos.

“Pero todavía no tenemos ningún documento firmado. Esperemos y confiamos”, dijo.