23 de junio de 2014 / 02:52 p.m.

San Felipe, Yucatán.- En las aguas de Yucatán, existe una 'guerra' financiada por empresarios formales e informales por el pepino de mar, ese animal acuático que es un manjar en las mesas de algunos lugares asiáticos como China, Hong Kong, Singapur, Taiwán, Malasia, Corea y Japón, tiene un valor de al menos 111 millones de dólares anuales, mil 443 millones de pesos al año.

Eso es el botín en disputa. Pero, más allá de las cifras, están las historias de las confrontaciones en altamar entre pescadores legales y furtivos. Y las advertencias de los lugareños de lo que se puede venir si no se respetan las vedas y se sigue consintiendo (por omisión o negligencia) la depredación de la fauna marina: enfrentamientos armados(…)

En el malecón de San Felipe, yacen los restos quemados de dos embarcaciones, saldo del más reciente enfrentamiento entre hombres del mar legales e ilegales, en la cual seis pescadores del puerto resultaron heridos, dos de gravedad.

A babor, una de las naves está rota, producto de la embestida de las lanchas furtivas ocurrida hace dos domingos en altamar, cuando 40 botes irregulares arremetieron contra 11 en regla.

Al centro de la lancha tatemada se aprecia un bidón derretido, en cuya punta hay un esparadrapo rojo semidestrozado que fungió como mecha. Es una enorme bomba molotov marítima de 20 litros de gasolina que explotó en la lancha. El motor tiene un orificio que le produjo un arponazo. 

Todo eso lo narra y lo muestra uno de los sobrevivientes de aquella batalla naval escenificada a 23 millas náuticas al poniente del lugar, de Río Lagartos, con dirección a Dzilam de Bravo y Progreso, donde los pescadores clandestinos tienen sus centros de operaciones.

Los pescadores legales de San Felipe se van hartando y van venciendo el miedo: en un islote ubicado frente al puerto, donde se ubica un pequeño santuario de flamencos rosados, tres lanchas de los furtivos fueron capturadas e incendiadas hace dos meses.

Ahí se aprecian todavía los motores de las embarcaciones, que literalmente quedaron hechos cenizas, como chicles aplastados y carbonizados. Ahí también, como símbolo de la muerte que ya acecha, quedó muerta una gran tortuga que estaba en el lugar equivocado y en el momento erróneo…

—Es oro del mar, eso es lo que es el pepino para los asiáticos —comenta el cooperativista, mientras una quinteta de sus correosos compañeros lo escucha. "Como esos chavos no lo tienen en sus costas, vienen a tratar de robar nuestro pepino de mar, que nosotros cuidamos y protegemos desde hace 40 años".

Tres mil familias viven de la pesca en estas comunidades de casas de colores brillantes hechas de madera antigua. El problema es que, por la veda, solo pueden pescar el pepino de mar 30 días al año, 15 en febrero-marzo y 15 en julio-septiembre. Poco tiempo para la codicia de los empresarios y sus furtivos. Nos hacemos a la mar para constatar si embarcaciones de la Armada vigilan la zona. Por el momento no es así. Solo una avioneta, que hace vuelos rasantes. En el trayecto, otro de los pescadores, quien navega la lancha, descarga ante la cámara de televisión el mismo enojo que manifiestan sus colegas:

"En estos cuatro o cinco meses que dejamos de pescar el pepino de mar, esta gente no ha dejado de pescarlo. Y nosotros aquí, como tontos, yendo al palangre, buscando cómo ganar 150-200 pesos diarios, cuando ellos se están echando 5 o 6 mil pesos en la bolsa por día. Igual nosotros lo podemos hacer, tenemos el equipo, pero por respetar la veda, por respetar leyes, nos hemos quedado acá sentados esperando que nos den el banderazo para hacerlo por la vía legal".

Respira y continúa su catarsis, que de hecho es colectiva, porque coincide con lo que expresan los demás pescadores.

"Esta gente no va a parar. Nosotros somos nobles, los yucatecos (buena parte de los furtivos son traídos desde otros estados por empresarios ilegales). No golpeamos, nunca hicimos nada, solo les quemamos esas dos lanchas para decirles que se aquieten y ellos responden con amenazas de muerte. A mis compañeros los botaron al agua a una distancia así, después de haberlos tranqueado con maderas en los pies y en los brazos (recuerda la reciente batalla marina)…"

La furia da paso a una inesperada revelación. Traba las mandíbulas y suelta la confesión que otros confirmarán: "Si nosotros no hacemos la vigilancia (de las zonas vedadas), esto jamás se va a cuidar. No es justo. Eso es lo que nos duele. ¡Vamos a tener que hacer como en Michoacán!".

—¿Ya están pensando en hacer autodefensas como en Michoacán?

—¡Sí! Ya todo está planeado. Nomás estamos esperando. Esta es la última oportunidad del gobierno. Si no hace nada, hacemos una autodefensa, armados todos con lo poco que tenemos, o nos ponemos a la depredación hasta acabar todo y esto ya. Una vez muerto el perro, se acabó la rabia. 

De vuelta en tierra uno de los dirigentes confirma:

—¿Van a hacer sus autodefensas de mar?

—Así es. Si salimos y hay otro encontronazo y es necesario usar la violencia, la vamos a usar, porque ya estamos fastidiados de que nos estén viniendo a robar nuestro pepino.

A punto de arder estos mares. Y no solo de embarcaciones quemadas.

¿Y qué dice el alcalde del lugar? Es pecador desde niño, así que Lorenzo Briceño los apoya.

"Como en Dzilam de Bravo han devastado sus terrenos (marinos), los furtivos ya no encuentran esas pesquerías e invaden nuestros terrenos. Nos están devastando, y no solo en pepino, sino que están barriendo con todo: langosta, escama y pulpo. Como lo digo y lo sostengo: yo siempre voy a estar un paso delante de ellos, viendo que un pueblo se une para defender su patrimonio".

—Cuando uno ve el enojo, las lanchas quemadas de ambos lados, parece una guerra del pepino.

—Exactamente, parece una guerra.

—Ya se está poniendo feo.

—Efectivamente, ya se está poniendo feo. Hace un mes fuimos al Senado, tenemos oficios firmados por Conapesca, por la Marina, donde ofrecieron la ayuda, y no la vimos al 100%. Así que esto ya llegó a este grado, al de cerrar los puertos (lo hicieron hace un par de semanas en protesta por lo que ocurre), y lo que ha pasado (los enfrentamientos).

Y el gobierno de Yucatán, ¿no está preocupado de que se desborde el problema? El secretario de Gobierno, Víctor Caballero, dice que no, que todo está bajo control porque han actuado "a tiempo".

—Yucatán no es Michoacán. Aquí la gente puede repetir esas expresiones (las de que se van a armar como las autodefensasmichoacanas), que se escuchan en otros lugares de México, pero la gente de Yucatán no actúa así. En Yucatán hay autoridad para poder cumplir con el estado de derecho, y cuando hay una situación que puede ser violenta, actuamos para evitarlo.

Caballero promete: "Vamos por los empresarios, sean quienes sean. Lo que tenemos que hacer es acopiar pruebas, porque no basta con tener nombres, hay que acopiar las pruebas y proporcionarlas a la Procuraduría General de la República. A nosotros nos interesa sobremanera castigar a los verdaderos culpables (a los que financian y equipan a los furtivos), no a los pescadores".

Mientras tanto, de cuando en cuando, y de forma cada vez más violenta, se siguen embraveciendo las aguas del norte y poniente de Yucatán por la millonaria guerra del pepino de mar.

FOTO: Jorge Carballo

JUAN PABLO BECERRA-ACOSTA