12 de enero de 2015 / 09:19 p.m.

Chilpancingo.- Elementos del 27 Batallón de Infantería se enfrentaron con normalistas y padres de familia de los 43 estudiantes desaparecidos, cuando éstos ingresaron al cuartel general para exigir la presentación con vida de los alumnos de Ayotzinapa.

Aproximadamente a las 13:45 horas, los jefes de familia arribaron a Iguala de la Independencia y se dirigieron hacia la zona militar que ya estaba resguardada con vallas de metal y alambradas.

Mientras los padres dirigirían un discurso, en el que denunciaban que tenían pruebas de que los soldados de ese batallón intervinieron en los hechos del 26 de septiembre, estudiantes lograron abrir la puerta del cuartel general, por lo que la policía militar formó un cerco para evitar su ingreso, sin embargo, a las 13:55 los padres lograron burlar la seguridad y avanzar unos pasos al interior del cuartel.

Se escucharon entonces las primeras detonaciones de petardos con los que militares intentaron dispersar la movilización, sin embargo, sólo consiguieron polarizar aún más los ánimos.

Hubo un jaloneo que se prolongó durante 15 minutos hasta que la policía militar se reagrupó para empujar al contingente y expulsarlo hacia el exterior.

Durante la retirada, los maestros se percataron de que la señora María Inés Abrazan Gaspar, un estudiante normalista y un reportero eran retenidos y amenazados de que serían sometidos a una investigación, bajo el argumento de que todo lo que entra a ese lugar ya no sale.

En la refriega que se dio en el exterior hubo intercambios de pedradas y botellas que fueron sustraídas de un tráiler que quedó atravesado en la puerta principal del cuartel general y cuyo contenido fue utilizado por los militares y alumnos para agredirse entre sí.

Aproximadamente a las 14:15 horas la confrontación cesó, cuando los normalistas se replegaron hacia sus autobuses, los soldados se atrincheraron en la entrada del cuartel y en las calles aledañas llegó personal de la Policía Federal.

Hasta el momento la tensión prevalece en el periférico de Iguala.

FOTO Y TEXTO: ROGELIO AGUSTÍN/ MILENIO