MILENIO DIGITAL
24 de mayo de 2017 / 11:02 a.m.

PUEBLA.- Codicia. A este hombre lo movió la codicia. Unos amigos de Palmarito, Puebla, lo invitaron a ser huachicolero. Él no tenía la necesidad de convertirse en un ladrón de combustible, tenía una vida estable y segura como administrador de una pequeña empresa. Ganaba 14 mil pesos mensuales con los que modestamente podía mantener a su esposa y su hija pequeña, pero la oferta era tentadora.

Poseía contactos con empresarios que explotan minas en la zona huachicolera de Puebla y si aceptaba el negocio éste lo llevaría a ganar el equivalente a su sueldo mensual… en dos horas. En dos horas obtendría lo que le costaba ganar en un mes. Pensó que el riesgo valía la pena, dejó su trabajo y se integró a la estructura delictiva de robo de combustible.

Es miércoles y después de un par de horas de viaje desde la capital del estado llegamos a la casa de El señor huachicolero, como lo llamaremos para cumplir el acuerdo de proteger su identidad.

La casa es modesta, no sorprende en ella ningún gusto extravagante, ningún objeto de lujo. Una tele, un sillón, un comedor, no más.

Salimos. Subimos a su auto para ir a buscar a otro de los vendedores de combustible robado. Llegamos a una calle, nos estacionamos y abre la puerta trasera del auto un hombre entrado en sus años cuarenta, con una panza prominente, las manos con signos de años de trabajo y con una cara de bonachón que lo protege de que uno piense que es un ladrón de combustible.

Renuente, el hombre comienza a contar parte de su historia. Él era campesino, tenía sus tierras y vivía de la cosecha de papa. Le iba bien, ya había comprado su casa, y estaba orgulloso de tener un patrimonio para sus hijos, pero el mal clima le hizo perder toda su producción. Tenía una deuda de tres millones de pesos y… apareció el huachicol en su vida.

Él, cuenta, trabaja con el grupo de El Toñin, uno de los líderes de Palmarito que es señalado por las autoridades como responsable del enfrentamiento entre huachicoleros y militares el pasado 3 de mayo.

A diferencia de El señor huachicolero, que trabajó con grandes flujos empresariales de venta de diésel robado, el hombre se dedica a ser litrero. Vende litros. Vende gasolina y la esconde en su casa. En el patio tiene enterrados varios bidones con el combustible sin que le importe que su hogar pueda convertirse en una bomba.

Hace un mes que el hombre no tiene trabajo. Sobrevive con el dinero que le quedó de las últimas ventas. Desde que estalló la crisis en Palmarito se detuvo el flujo de combustible. La presencia de los más de dos mil militares en la zona ha obstaculizado la operación y él está esperando a “que se enfríen las cosas para continuar el negocio”.
Para la pantalla de televisión no contará nada: tiene miedo…

De vuelta a la casa de El señor huachicolero, acomodamos unas sillas y nos sentamos a platicar. A él le gusta hablar de lo que logró cuando fue huachicolero, de su gente y en especial quiere dejar en claro que en este negocio hay bandidos “de cuello blanco”. Es como si tuviera especial interés en repartir culpas, en decir que sí, que se dedicó a la delincuencia, pero que todas las autoridades hacen lo mismo.

“La de cuello blanco es la gente más delicada, la que es más delincuente porque ni siquiera pasa o corre algún tipo de riesgo. Van desde MP, autoridades municipales, secretarios estatales, de ahí hasta lo que tú te puedas imaginar. Los policías, municipal o estatal, son con los que te arreglas o te mueres”.

La cadena de corrupción que hace posible el robo del huachicol comienza con trabajadores de Pemex, como la empresa ya lo ha reconocido. Son los que avisan de los horarios en que los combustibles pasan por los ductos. Son los que acuden a las tomas clandestinas y con herramientas y manos expertas las abren.

El gobierno poblano lo tiene claro: “Donde se detecte, quien sea que esté involucrado, vamos a actuar en contra de ellos, así sean presidentes, sean policías, sean servidores públicos de cualquier nivel. Así sean empresarios”, advierte Diódoro Carrasco, secretario general de Gobierno de Puebla.