JOSÉ ANTONIO BELMONT | MILENIO
1 de diciembre de 2016 / 09:45 a.m.

MÉXICO.- En Chihuahua, el muro casi está terminado y, en su mayoría, son mexicanos quienes lo construyen. Aquí, pues, el muro ya existe. Está fabricado de placas de metal oxidado y barras de hierro manufacturadas a partir de rieles de tren. En todo caso, Donald Trump solo terminará lo que Barack Obama comenzó: otra muralla que separa dos países.

Aquí, esta pared de acero divide Chihuahua de Texas y Nuevo México. Ciudad Juárez de El Paso. San Jerónimo de Santa Teresa. En este punto comienzan los más de 3 mil 180 kilómetros de frontera entre Estados Unidos y México.

Y aquí son mexicanos quienes trabajan en la edificación de la valla de hierro: decenas de habitantes de Juárez cruzan la frontera todos los días para ello, otros ya son residentes en diferentes condados de Texas o Nuevo México. Paisanos al fin.

'Quisiéramos tumbarlo, pero ¿qué hacemos?', el muro fronterizo hecho por mexicanos
Fortis Networks es la empresa contratista del diseño y construcción de la obra. | FOTO: ESPECIAL

A algunos no les gusta trabajar en la construcción del muro, por lo que implica, pero es su trabajo, por el cual ganan más de cuatro veces el salario mínimo vigente en el país.

"Nosotros lo quisiéramos tumbar, pero ¿qué hacemos?, no nos parece bien, pero tampoco hay de otra", se lamenta un trabajador al otro lado de la reja. Es originario de Juárez, y al igual que los otros seis mexicanos con los que trabaja en esa área ese día trae guantes, chaleco color naranja y casco.

"Se agüita uno, ¿verdad?, pero también tenemos que comer"
, interviene un compañero. Otro mexicano. Otro paisano.

El supervisor de la obra en esa área también es mexicano, aunque radica ya “del otro lado”. Tímidamente acepta que la mayoría de los obreros son compatriotas, lo cual atribuye a la abrumadora mayoría de habitantes (casi 80 por ciento), que, por ejemplo, viven en El Paso.

Ese día en Ciudad Juárez el clima es cambiante. El sol sale y se oculta, pero el viento es constante. La mayoría de los trabajadores en ese tramo de la obra usa lentes negros. Tal vez para evitar que la arena les entre a los ojos cuando empiecen a cavar la zanja.

En ese agujero de tierra colocan la varilla. Enseguida vacían una mezcla de tierra y cemento que pronuncian como soil cement, y que, explican, tiene como fin dificultar en lo mayormente posible una eventual construcción de un túnel para cruzar.

Fortis Networks
es la empresa contratista del diseño y construcción de la obra. Tiene su sede en Phoenix, Arizona, y para la edificación del muro subcontrata a otras compañías más pequeñas de El Paso.

Estas compañías pagan a algunos de los trabajadores de la obra 15 dólares la hora, aproximadamente 300 pesos al tipo de cambio de estos días. Hay, al parecer, varios rangos de salario entre los mismos empleados.

“No es mal salario. En una tienda de autoservicio en El Paso, te empiezan pagando 7.25”, es lo último que alcanza a decir un paisano. Los trabajadores ya no pueden hablar más.

La construcción se realiza en un tramo de más de dos kilómetros que toca, del lado mexicano, la colonia Rancho Anapra —una de las más marginadas de Ciudad Juárez—, y de Estados Unidos, a Sunland Park —ciudad con una gran plusvalía, en el condado de Doña Ana, Nuevo México.

Desde julio pasado comenzó esta obra que consiste en sustituir una malla de acaso dos metros de alto por esta nueva estructura metálica, que es no es más que rejas de hierro oxidado rematadas con placas igualmente de acero, cuya altura ahora alcanza los cinco metros.

La Patrulla Fronteriza estima que a la fecha el avance es de 75 por ciento, y que para “mediados de febrero del año entrante” se concluya la construcción. Según los propios agentes de la Border Patrol en El Paso, estas barras metálicas fueron producidas a partir de rieles de tren.

En entrevista, Ramiro Cordero, agente de la Patrulla Fronteriza en este sector, evoca que desde 1964 hay “rejas” entre México y Estados Unidos: “Con el tratado de El Chamizal se pusieron en el río Bravo”, recuerda.

Ahora su relato se traslada a “finales de los 80”, cuando esas “rejas” se convirtieron en mallas.

“Originalmente fue instalada en partes (la malla). En esas áreas había un puerto no oficial de la Policía Fiscal. Por cuestiones de seguridad en aquel entonces un destacamento de soldados de Estados Unidos que estaba haciendo sus prácticas la puso”.

El agente de la Border Patrol en El Paso aclara que la actual sustitución se da por el deterioro de la malla, cuyo desgaste atribuye al constante cruce de indocumentados por la zona, así como por la lluvia o el viento, “que fueron destruyendo esa estructura”.

“La estamos reemplazando por algo que nos ayude más a hacer nuestro trabajo. Se pone algo mejor y que dure más años allí. Simplemente se instala mejor infraestructura”, considera.
Cordero reconoció que, antes o ahora, estas rejas, mallas o esta nueva estructura de acero no evitan el cruce de indocumentados a Estados Unidos.

“Las rejas nunca fueron diseñadas para detener el flujo, de hecho no lo frenan. Una reja de dos metros significa una escalera de 2 metros y medio.

“La razón por lo que están es para darnos más tiempo de respuesta a cualquier entrada ilegal, sea de personas, de mercancía, de lo que sea”, puntualiza.

Lo cierto es que la malla permitía encuentros de familiares radicados en uno y otro lado. Incluso, año con año se realizaba una misa binacional. Hoy, apenas se puede ver entre las rejas oxidadas, y quizá una mano quepa entre las barras. No más.

En efecto. La misa tuvo que ser cambiada de lugar. La nueva estructura metálica no permitía esta “celebración”. El pasado 5 de noviembre las diócesis de El Paso, Nuevo México y Ciudad Juárez la realizaron en el llamado Puente Negro, otro punto de esta frontera.

En Chihuahua, el muro ya existe. Es made in México. El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, prometió hacerlo más grande y que los mexicanos lo pagarán. Éste al menos ya lo construyeron.