MILENIO DIGITAL
10 de agosto de 2017 / 08:17 a.m.

ESPECIAL.- Raúl Flores Hernández tiene 50 años en el negocio del narcotráfico y, hasta hoy, había logrado mantener un perfil bajo. Raúl Flores Hernández no es el nombre de un narcotraficante famoso. Tampoco lo es Miguel Casas Linares. Misma persona.

No pertenece a ningún cártel, no trabaja para ningún gran capo. Es lo que se llama un narcotraficante independiente, aunque según las investigaciones, tiene alianzas importantes con el cártel de Sinaloa y con Jalisco Nueva Generación, directamente con El Mencho.

Investigaciones estadunidenses lo ponen a la altura de los grandes capos, como Ismael El Mayo Zambada o Rubén Oseguera El Mencho. En los años ochentas, cuando ya tenía dos décadas en el negocio, Flores Hernández empezó a enviar cocaína de México a Estados Unidos. Opera desde Jalisco, pero hace negocios en varios estados del país y Sudamérica, tiene propiedades en Sinaloa e inversiones en Ciudad de México.

La venta y distribución de cocaína lo volvió un hombre muy rico. Hay cálculos de que tiene decenas o cientos de millones de dólares invertidos en México y otros países. Su red de empresas - el Departamento del Tesoro de Estados Unidos designó hoy a 23 personas y 42 empresas como parte de su red - incluye bares, restaurantes, negocios de bienes raíces, salones de eventos, agencias de producción musical, casinos, clubes de futbol. Algunas son sólo empresas fantasma.

Para mantenerlos sin llamar la atención, ha utilizado a familiares cercanos y socios de confianza, entre ellos empresarios y, hoy se sabe gente del deporte y del mundo del espectáculo, que han sido claves para mantener sus negocios fachada sin que su nombre salte a la luz.

Además del deportista Rafael Márquez y el cantante Julión Álvarez, en la lista que hoy dio a conocer el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, aparecen como socios o testaferros su mujer, su hija Sendy Flores Gómez y dos hombres de apellido Caro Urias, Efraín y Omar, tíos del capo Rafael Caro Quintero, medios hermanos de su padre.

No se sabe cómo conoció a Rafael Márquez, pero, según investigaciones, su relación empezó hace 20 años. De acuerdo con altos funcionarios estadounidenses, desde entonces el futbolista es su testaferro en varias empresas, todas relacionadas con el deporte. Julión Álvarez llegó después. Se conocieron y se hicieron socios desde hace una década.

En 2010, Flores Hernández apareció en una lista de los 26 narcotraficantes más buscados en México. La Procuraduría General de la República ofrecía 5 millones de pesos por su cabeza. En 2013 fue detenido en México, pero no está claro cuándo quedó libre.

Después de muchos años de investigación, la DEA logró llegar a él. En marzo de este año la fiscalía estadunidense presentó dos acusaciones penales por tráfico de cocaína en juzgados de California y el Distrito de Columbia.

Un juez le dictó orden de arresto y el Departamento del Tesoro designó a estas 22 personas y 42 empresas como la red Flores Hernández. A todos les congelarán cualquier cuenta bancaria o propiedad en Estados Unidos, les cancelarán las visas y a partir de hoy es ilegal para cualquier empresa estadunidense -se exponen a multas de hasta 1.4 millones de dólares y hasta 30 años de prisión- hacer negocios con cualquier persona o empresa que aparezca en el organigrama de Raúl Flores Hernández.


pjt