MILENIO DIGITAL | CYNTHIA VALDEZ
12 de septiembre de 2015 / 02:30 p.m.

Sinaloa.- Leonor Ayón García recibe las cartas en su regazo mientras teje  en su Pueblo Nuevo; lee las palabras que su hija le manda como tablas de salvación en medio de la tormenta.

En el municipio de Elota una madre espera el retorno de su hija, Eva Ayón, arrebatada tan de repente una mañana cuando le hallaron droga en su maleta. "Madre, ¿cómo estás? Aquí todo bien dentro de lo que cabe, estoy muy tranquila..."

Con los meses, la joven sinaloense dice haber encontrado refugio en los recuerdos, en la lectura diaria y en la oración. "Cuando llegué aquí renegaba de Dios, le reclamé muchos días ¿por qué a mí, Señor? Por qué si yo he sido una mujer buena, he tratado de ser alguien mejor cada día, he luchado demasiado para llegar adonde estaba, he trabajado para los demás..."

Eva se interrogaba, interrogaba a los muros, pero nadie, ni la justicia, respondía. La joven de 26 años siempre escribe nerviosa, con un ojo en la hoja y otro en el pasillo de la cárcel, busca escapar de la mirada de las celadoras.

En su estancia en el penal femenil El Rincón, Nayarit, se ha vuelto una mujer más fuerte, narra doña Leonor. "Me dice: 'amá, estoy muy tranquila, para mí estar aquí es como estar en la escuela, estoy aprendiendo mucho, leo en la mañana y en la noche, trato de mantenerme ocupada para no pensar, y cuando salga voy a ser otra persona, no voy a confiar en cualquiera"'.

Y las cartas toman una dirección hacia lo cotidiano, el recuerdo de fiestas pasadas, las comilonas con pollos asados, las locuras de las muchachas, todo eso que conforma su historia de vida.

Sin embargo, lo que angustia a doña Leonor es no poder visitarla cada semana, pues no tiene tiempo con tantas costuras por hacer para mandarle dinero a prisión.

Eva comparte celda con una anciana de 70 años originaria de Monterrey y otras dos mujeres más. Una de ellas es María de los Ángeles Pineda, esposa del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, acusada de delincuencia organizada y otros delitos tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Doña Leonor dice que Pineda y las otras reclusas son "grandes personas" que le han brindado apoyo económico y emocional cuando no cuentan con recursos.

"Las compañeras que tengo son muy buenas, yo no sé qué haría sin ellas, yo creo que me volvería loca. Hacemos oración siempre, pedimos por nuestras familias y por nosotras para irnos pronto de este lugar...", le cuenta la joven.

Apenas tuvo un primer acercamiento con el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, quien le prometió apoyarla jurídicamente a través de la procuraduría para que revisen su caso.

"Me dijo Malova que por qué hasta ahora me acercaba, pero pues uno no sabe adónde acudir, pero ya ve, Dios puso los medios y ojalá que pronto mi hija salga de ese lugar", sentencia la madre.

Eva logró un amparo el pasado 31 de agosto, por lo que se abre una rendija para una posible libertad. Ahora, reflexiva, deseosa de salir adelante y demostrar su inocencia, escribió el 7 de julio a doña Leonor:

"Existe un dicho que dice que los seres humanos no nos convertimos en personas malas, simplemente olvidamos quiénes somos, olvidamos nuestros sueños, eso me llamó la atención en lo personal, puesto que estaba viviendo olvidándome de mis verdaderos sueños, de mis anhelos, de lo que realmente me hacía feliz, todo esto, tratando de imitar a los demás, de agradar o ser como el resto de la sociedad que se está convirtiendo en personas materialistas, sin valores, egoístas, y prejuiciosos, matándonos unos a otros...

"Tardé muchos días y noches en comprender que sí, en efecto, hemos venido a la tierra a sufrir; sin embargo, sufrir es una elección de nosotros mismos, al igual que la felicidad. Entonces, cierta mañana que no podía dormir por el ruido incesante de los pájaros, me puse a pensar ¿por qué ellos no dejan de trinar?"