MAYTE VILLASANA
12 de septiembre de 2017 / 07:55 p.m.

JUCHITÁN.- Ruperto Luis Ramírez, tiene 70 años, pero sus manos revelan que desde muy pequeño se ha dedicado a la elaboración y venta de huraches en su natal Juchitán de Zaragoza, al sureste de Oaxaca.

"Nací entre los cueros. Soy talabartero. Mis padres y abuelos hacían lo mismo. Fabrico huaraches y los vendo en los mercados rodantes, pero ya no tengo nada. Estamos jodidos".

Durante el sismo del pasado jueves estuvo a punto de morir junto a Elvia Luna, su esposa. Sus vecinos los daban por muertos, pero uno de sus hijos confió en rescatarlos con vida y los encontró.

Con lágrimas en los ojos narra que se afianzó a Dios durante 15 minutos, los más críticos de su vida.

La casa estaba construida de lámina y madera y al sentir el temblor intentaron escapar, pero el material les bloqueó la salida. No podían gritar auxilio porque el polvo los ahogaba.

FOTO: MAYTE VILLASANA

El sismo acabó con su patrimonio heredado por sus suegros. Una vivienda de más de 100 años de antigüedad construida de láminas y madera.

Pero no fue lo único que perdió. El sismo y sus réplicas borraron su taller de talabartería, el único ingreso familiar para el matrimonio habitante de la colonia Octava Sección Cheguigo.

"Ni casa ni taller. Estoy en la calle. Desde la semana pasada dormimos en la intemperie".

Desde el viernes su cama es el pavimento de la calle y su abanico el clima fresco que por las noches consuela su sueño.

La ayuda aún no llega para don Ruperto, quien se ha alimentado de la caridad de los vecinos menos afectados.

Tardarán meses para construir nuevamente la vivienda y por ahora se resguardará en cortos lapsos de tiempo en el domicilio de un ingeniero vecino, cuya casa quedó intacta. Esta noche volverá a su dormitorio: la calle que un día recorrió ofertando huaraches típicos de la región.


pjt