MILENIO DIGITAL
26 de marzo de 2017 / 08:57 p.m.

CIUDAD DE MÉXICO.- Los dueños y accionistas de las empresas mexicanas que “alzaron la mano para participar” en la construcción del fronterizo deberían ser considerados como “traidores de la patria” y cualquier inversión de mexicanos es inmoral, de acuerdo con la Arquidiócesis Primada de México.

En su editorial “Traición a la Patria”, en el semanario Desde la Fe, la Arquidiócesis informó que el presidente estadunidense, Donald Trump, asignó 2 mil millones de dólares para la construcción del nuevo muro, pero “lo lamentable es que, de este lado de la frontera, haya mexicanos listos para colaborar con un proyecto fanático que aniquila la buena relación en el concierto de dos naciones que comparten una frontera común”.

“El muro es un monumento de intimidación y silencio, de odio xenófobo para acallar las voces de trabajadores mal pagados y maltratados, de familias desprotegidas y de personas violentadas".

El texto recuerda que en días recientes, algunas empresas de capital mexicano “alzaron la mano para participar en licitaciones, y ofrecer técnica y pericia para encargarse de aspectos específicos en la construcción del muro de la ignominia, proporcionando cemento, materiales, luminarias y pinturas; bajo el argumento bondadoso de ser compañías generadoras de empleos, estas empresas buscan obtener ganancias sin importar las consecuencias y consolidar su presencia en el ramo que explotan”.

Advierte Desde la Fe que no son dos o tres empresas, sino más de 500 la que buscan obtener ganancias: “Para ellas, el fin justifica los medios. Las inversiones de esas empresas terminará por nutrir todas esas formas de discriminación, por eso unirse a ese proyecto es “una grave afrenta a la dignidad, es como darse un balazo en el pie”.

La Arquidiócesis dijo que los empresarios interesados en participar en la construcción del muro son “miopes” porque no ven que se trata de una amenaza que vulnera las relaciones y la paz social.

“El muro es un monumento de intimidación y silencio, de odio xenófobo para acallar las voces de trabajadores mal pagados y maltratados, de familias desprotegidas y de personas violentadas; es un retroceso de los anhelos más nobles de la humanidad, por los cuales se han derramado mucha sangre; es preludio de la destrucción de los valores de la democracia y de los derechos sociales”, de acuerdo con el editorial.