2 de febrero de 2015 / 01:33 p.m.

Tokio.- La esposa de Kenji Goto, el rehén japonés decapitado por extremistas del grupo Estado Islámico, dijo el lunes que estaba devastada pero orgullosa de su marido.

En un comunicado publicado a través de la fundación Rory Peck, con sede en Gran Bretaña, Rinko Jogo pidió privacidad para su familia mientras enfrenta la pérdida y agradeció a quienes les habían apoyado.

"Sigo estando muy orgullosa de mi marido, quien informó de la difícil situación de gente en zonas de conflicto como Irak, Somalia y Siria", dijo.

"Su pasión fue resaltar los efectos sobre la gente normal, especialmente a través de los ojos de los niños, e informarnos al resto de las tragedias de la guerra", añadió.

Goto partió a Siria en octubre, solo unas semanas después del nacimiento de la hija pequeña de la pareja. Poco después, fue capturado por la milicia extremista.

Horrorizado y entristecido por las noticias sobre Goto tras la publicación de un video mostrando su asesinato, supuestamente a manos del grupo Estado Islámico, Japón ordenó reforzar las medidas de seguridad en aeropuertos y las instalaciones japonesas en el exterior, como embajadas y escuelas.

El gobierno pidió también a todos los periodistas y otras personas que estén cerca de zonas de conflicto que se retiren por el riesgo a futuros secuestros u otras amenazas.

Hasta ahora, Japón no se había implicado directamente en la lucha contra los insurgentes.

En un debate parlamentario el lunes, legisladores de la oposición cuestionaron el esfuerzo del primer ministro, Shinzo Abe, para elevar el perfil diplomático del país a través de ayuda no militar para los países que combaten al grupo Estado Islámico, que controla cerca de un tercio del territorio de Siria e Irak.

Japón no se verá intimidado por esas amenazas, dijo Abe.

"Los terroristas son delincuentes", dijo. "Estamos decididos a perseguirlos y hacer que asuman su responsabilidad".

El mandatario dijo que Japón seguirá proporcionando ayuda humanitaria a los países que luchan contra el grupo Estado Islámico, diciendo que ceder a la amenaza terrorista les impediría proporcionar ayuda médica y otros servicios necesarios para ayudar a recuperar la estabilidad en la región.

El fracaso para salvar a Goto suscitó temores por la vida del piloto de un caza jordano también capturado por los insurgentes radicales.

Jordania renovó el domingo una oferta para intercambiar a una presa de al-Qaida por el piloto, el teniente Muath al-Kaseasbeh, que fue capturado en diciembre cuando su avión cayó cerca de la capital de facto del grupo, Raqa, en Siria.

El portavoz del gobierno jordano, Mohammed al-Momani, dijo que "seguimos estando dispuestos a la entrega" de la presa Sajida al-Rishawi, condenada a muerte por ahorcamiento por su implicación en un triple atentado con bombas en Amán en 2005. Al-Rishawi tiene lazos familiares cercanos con la rama iraquí de al-Qaida, precursora del grupo Estado Islámico.

Tras días sin conocer novedades, la familia de al-Kaseasbeh pidió al gobierno información sobre su situación. Pero para la familia y amigos de Goto, su asesinato hizo pedazos cualquier esperanza para su rescate.

Jogo, la viuda de Goto, dijo que había recibido varios correos electrónicos de personas desconocidas que decían ser los captores de su marido. Pero la crisis de rehenes se volvió un asunto nacional cuando los insurgentes pidieron públicamente el pago de un rescate de 200 millones de dólares en 72 horas, el 20 de enero.

Según informaciones, Jordania y Japón mantuvieron negociaciones indirectas con los insurgentes radicales a través de líderes tribales iraquíes, pero a última hora del viernes el viceministro nipón de Exteriores informó de un estancamiento en esos esfuerzos.

FOTO Y TEXTO: AP