MILENIO DIGITAL
7 de septiembre de 2017 / 07:51 a.m.

BAJA CALIFORNIA.- Los habitantes de Los Cabos, Baja California Sur, nunca olvidarán el pasado 31 de agosto, cuando Lidia, sin alcanzar la categoría de huracán, cubrió todo el territorio con fuertes vientos y lluvias causando estragos como hacía mucho tiempo no sucedía.

Guadalupe López, habitante del vado de Santa Rosa, un asentamiento irregular en San José del Cabo, describió con horror cómo Lidia se lo llevó todo. “Vi cuanta gente se tragó el agua pidiendo ayuda, lo que nadie hacía porque o te salvas tú o salvas a la persona que va arrastrándose en el agua”, recuerda.

El vado de Santa Rosa se ubica en zona de riesgo, a orillas de lo que, antes de Lidia, fuera un arroyo ahora sepultado por la arena.

Es la segunda vez que un fenómeno meteorológico los golpea. La primera fue en 2014 tras el paso del huracán Odila. 

“Desde Odila las autoridades de Baja California Sur prometieron reubicarnos, lo que no ha sucedido. El gobierno no nos ayuda, no estamos aquí por gusto, es necesidad”, asegura con desánimo Pamela García, mientras hace fila para recoger el alimento que reparten los voluntarios. 

Las paredes de las decenas de chozas endebles del Vado de Santa Rosa quedaron destruidas. Eran cuartos de apenas unos metros cuadrados. La pobreza se nota a metros de distancia y en los rostros de los niños que corren descalzos en el arenero que se convirtió el arroyo.


mmr