NOTIMEX
26 de septiembre de 2015 / 09:42 p.m.

Filadelfia.- Héctor y César son niños mexicanos. Hace seis años se debatían entre la vida y la muerte tras el fatal incendio en la guardería ABC de Hermosillo, Sonora. Hoy recibieron la bendición del Papa Francisco junto con sus familiares y miles de hispanos de diversos países.

Francisco sostuvo este sábado un encuentro con miles de migrantes en el Parque Nacional Histórico de la Independencia, ubicado frente al edificio donde el 4 de julio de 1776 se proclamó la autonomía de los Estados Unidos.

Hasta aquel emblemático lugar llegaron seis personas, cuatro madres y dos niños. Tras un largo viaje esperaron pacientemente la llegada del pontífice, se emocionaron al verlo circular en el papamóvil y agradecieron la bendición de poder verlo.

Dos de las madres que acudieron perdieron a sus pequeños entre las llamas que se desataron el 5 de junio de 2009 en la guardería que los debía proteger y terminó siendo su trampa mortal.

“Nos cambió la vida a mi esposo y a mí. Hemos tenido una lucha muy intensa durante seis años para que las autoridades nos escuchen”, dijo a Notimex Julia Escalante, madre de Fátima Sofía, una niña de dos años que fue una de los 49 infantes fallecidos.

Advirtió que “curiosamente” no existen responsables de lo sucedido, cuando la guardería estaba junto a una bodega del gobierno de Sonora y que, pese al incendio, se cerraron los accesos provocando que los niños quedasen atrapados.

“Estamos aquí con el Papa por la gracia de Dios, sabemos que es un gran luchador social y queremos que sepa que Hermosillo existe, que ahí hubo una guardería, que los niños se murieron en las peores condiciones, nuestros hijos quemados y nadie los pudo ayudar”, señaló.

Confesó que los familiares de las víctimas necesitan “mucha fuerza espiritual y mucha fe” porque su camino es muy largo; saben que el Papa “está muy cerca de Dios” y que es la “máxima autoridad católica”.

“Mi hija está con Dios y es mi comunicación hacia él. Y quiero decirle a Dios que no estoy enojada por lo que sucedió, que yo se de sus tiempos, yo se la entregué el mismo día que falleció pero esto no puede volverse a repetir”, apuntó.

Junto a Escalante estaba Adriana Guadalupe Villegas Gálvez, quien acariciaba la cabeza de su hijo Héctor mientras este intentaba dormirse. Él es uno de los niños sobrevivientes más afectados por el episodio. Lleva 19 cirugías y le faltan muchas más.

Su mamá estaba emocionada, no obstante saber que debe acompañar a Héctor con operaciones hasta que tenga 21 años. Hoy tiene nueve. Nunca se imaginó estar tan cerca del Papa cuando le confirmaron que viajaría a Estados Unidos hace apenas 10 días.

“Qué mayor bendición que estar aquí, soy una afortunada. Yo nunca perdí la fe, nací en una familia de mucha fe, siempre tuve fe y sigo teniéndola. Es lo que me mueve, me mantiene, mi hijo es quien me da la fortaleza para seguir en esto”, indicó.

Héctor Manuel Robles Villegas tenía tres años cuando ocurrió la tragedia. “Muchos querían estar aquí, sólo había seis lugares. Hoy tenía clínica en el hospital de Hermosillo, van cada seis meses y primero dije no, pero después él me dijo que quería estar aquí. Por eso estamos”, precisó.

“Ha sido un viaje muy duro, nada fácil pero vale la pena vivir esta experiencia. Nos dieron la invitación a último momento, nos están hospedando porque no había hoteles. Para mí ya estar aquí es lo máximo, ¿qué más le puedo pedir a Dios? Sería egoísta querer pedirle algo más”, consideró.