JUAN PABLO BECERRA-ACOSTA | MILENIO DIGITAL
21 de octubre de 2015 / 01:32 p.m.

Sinaloa.- En el poblado El Verano, ranchería de 16 casas construidas al fondo de una barranca de la remota sierra de Durango, en el municipio de Tamazula, que colinda con Cosalá, Sinaloa, los pobladores denunciaron que en medio de los operativos para recapturar a Joaquín "El Chapo" Guzmán fueron víctimas de fuego aéreo proveniente de helicópteros tripulados por marinos.

Pero en la zona del conflicto hay versiones opuestas sobre lo que ocurre. Aunque una casa recibió 33 impactos en techo y muros, la Marina niega que sea fuego de sus tropas y afirma que sus elementos no han disparado contra "domicilios de civiles".

El cártel de Sinaloa opera y controla esta zona donde se siembra amapola, mariguana y hay laboratorios para producir metanfetaminas.

El martes 6 de octubre, en El Verano no hubo muertos ni heridos, solo una casa perforada, pero el daño colateral es otro: es el miedo entre los habitantes que han abandonado el lugar para refugiarse en Cosalá junto a otras 600 personas oriundas de 16 poblaciones vecinas, según las cuentas que lleva la alcaldía sinaloense.

Una mujer, habitante de la ranchería, compartió un video desde el teléfono móvil de su hijo. La grabación está en negros. No se ve nada, pero se escucha perfectamente lo que ocurre. La familia estaba encerrada en un armario, de esos enormes muy antiguos, según dice. El audio dura un minuto 54 segundos.

Los primeros 10 segundos son de metralla con el sonido de un helicóptero encima. Un joven dice: "Los soldados nos están atacando".

—Quiero que se vayan —se escucha la voz quejumbrosa de una niñita.

—No llore —le dice el muchacho. Se oyen murmuraciones de mujeres y sollozos.

—Hijos de su perra madre —injuria el joven, quien segundos antes afirmaba que la grabación era "para que se los chinguen los de derechos humanos".

—Mijo, tranquilo —dice una mujer. Un adolescente llora.

—¿Y si nos matan mamá? —dice la voz lastimosa de una niña.

Plebes, pídanle a Dios nomás, pídanle a Dios —repone la mujer.

Virgencita de Guadalupe, por favor ayúdanos —ruega el joven.

—Si me agarran me van a matar —llora la voz adolescente.

—Mijo, tranquilo, no pasa nada —dice una voz maternal.

Se escucha a lo lejos un helicóptero.

—Nos hubiéramos ido por el monte mejor —sigue llorando el adolescente.
—Virgencita de Guadalupe, por favor... —insiste en sus ruegos el joven.
—No va a pasar nada, tranquila —le dice una mujer a la niñita.

—¡Dios mío! —clama el joven mientras el sonido del helicóptero se escucha cada vez más cercano.

—Los soldados nos están atacando injustamente —reitera.

—Se pasan de verga —espeta el adolescente—. Nos hubiéramos ido al monte —vuelve a llorar.

—Tiraron al aire, ¿verdad? Para ver quién corría, ¿no? Y asesinarlo —platican entre los chavos.

—Cállate Itzel —interviene una mujer para controlar a una niñita que murmura algo.

—Pídanle a Dios, plebes, a todos los santos —insiste otra mujer.
Truena el aire ante el paso de las hélices del helicóptero arriba de la casa.

—Por favor, Dios mío. Hijos de su perra madre.

—¡Cállate Heriberto! —reprende al joven una mujer.

Ya no hay más disparos. El helicóptero se aleja. Se escuchan inhalaciones y exhalaciones...

Según la Marina, "El Chapo" se escondía ahí y en la contigua comunidad de El Limón, otra ranchería. En ambos lugares las tropas hallaron sendas pistas clandestinas. En una de ellas, aparentemente la de El Verano, el prófugo aterrizó luego de su fuga del penal El Altiplano.

Oficiales de la Marina niegan enfáticamente que hayan sido sus tropas las que dispararon contra la vivienda. Un funcionario sugiere que pudieron ser personas de la propia población al servicio del líder del cártel de Sinaloa, la llamada base social del narco, para inculpar a las tropas y desprestigiarlas a fin de que abandonen la persecución del delincuente. Y va más allá: dice que el traqueteo del audio pudo provenir de un arma pesada usada desde tierra contra un helicóptero.

Los habitantes del lugar niegan ser criminales o tener relaciones con ellos y aseguran que no tienen armas, e insisten en que los disparos provenían de un helicóptero muy grande de la marina, un "boludo" con el frente "como de tiburón".

En lo alto de la comunidad, donde hay una escuela desde donde se podría disparar hacia las casas hundidas en la cañada, los periodistas hallamos casquillos de armas largas regados.

Encontramos una docena. Los vecinos juran que no son suyos, dicen que seguramente son de cinco marinos que —aseguran— descendieron a rapel justo cuando todos huyeron al monte desde donde observaron la escena.