MARCELA PERALES | @marce_reportera
5 de septiembre de 2016 / 08:55 a.m.

MONTERREY.- "Yo andaba en el ámbito de las pandillas, todo lo que implica el andar rayando, en las pedradas”, dice José Armando Pérez.

Creció en la colonia La Amistad, en Monterrey, considerada como una zona conflictiva. Allí aprendió a ser pandillero, de aquí fueron sus novias, pero un día, recibió un llamado para cambiar su vida, nadie lo creía, pero él fue firme en su decisión, hasta la fecha.

"Tenía 20 años, un enero del 2005, voy a un retiro, pasa un año y medio, agosto del 2006 entro al seminario. La colonia entera se sorprendió", señala.

Así fue como José Armando decidió ser seminarista, con el claro llamado de llegar a ser sacerdote.

Pero no fue fácil, primero, porque se tuvo que enfrentar a lo que se enfrenta la mayoría de quienes eligen la vocación sacerdotal.

"Aquí en Monterrey cuando tú quieres entrar al Seminario, muchos de los problemas que se encuentran los jóvenes es la misma familia, que les dice ‘sabes que no, yo quiero que te cases, que tengas familia, que ganes dinero’", explica el director espiritual Darío Torres.

"Para mis papás ciertamente fue complicado porque la mayoría de los papás, el proyecto que tienen para sus hijos es casarse, un matrimonio y esto de la educación sacerdotal no es parte de la cultura de los papás regios", menciona el diácono Armando Pérez.

Sus padres terminaron por aceptar.

Pero, ¿Cómo es el famoso llamado?

"Llegaba a la Basílica a dejar una veladora porque yo quería que Dios me dijera para donde le daba, todavía no estaba seguro de entrar", cuenta.

"El llamado se va descubriendo poco a poco, no es de que un día te dicen ya vas a ser sacerdote", explica.

Hay algo más que intriga a la sociedad, es el requisito indispensable: la castidad.

Sobre el celibato, qué es el estado de soltería que se entiende por una abstinencia sexual, eso es difícil de entenderlo para la sociedad, para un civil, ¿cómo lo viven ustedes?"

"El celibato es una amor total, una entrega total a Dios a través de su cuerpo", explica Armando.

La sexualidad se considera algo natural, a veces instinto natural, ¿qué cambia en ustedes?

"Esto se le pide a Dios, no es algo que se obtenga de un día a otro, o que decidas, si no pedirle a Dios el poder de mirar con ojos distintos a una mujer", dice Armando.

Después de 10 años, Armando ha superado las pruebas, se ordenó como sacerdote, pero no es fácil y no abundan.

Información proporcionada por la Arquidiócesis de Monterrey, señala que en los últimos seis años, en promedio ingresa por año un estimado de 40 jóvenes al Seminario, pero solo del 5 al 10 por ciento, logra egresar como sacerdote, los demás desisten.

"Algunos al año, a los meses, a los días, dicen 'sabes que, mejor, esto no es por aquí'", dice el director espiritual Darío Torres.

"Muchos forman familias, muchos trabajan", agrega.

Para la iglesia católica no solo faltan seminaristas, también sacerdotes. Mañana le mostraremos como es el proceso, cuántos se ordenan y cuántos faltan en Nuevo León.