MARCELA PERALES @MARCE_REPORTERA
21 de junio de 2016 / 11:11 a.m.

Monterrey.- "Me enfrento a muchas burlas de la gente, groserías que me gritan en la calle. Yo lo veo como una discriminación", dice Cristina Vázquez, una regia que fue diagnosticada con acromegalia, enfermedad conocida como 'gigantismo'.

Su tamaño, fuerza y apariencia ha sido motivo de burla durante toda su vida. La joven, que ahora tiene 27 años, no terminó la secundaria porque prefirió encerrarse en su casa, en la colonia Niño Artillero, para no ser vista por nadie.

Allí, entendió que la discriminación con la que lucha no es más fuerte que el miedo a perder la vida.

"Me preocupa más mi salud que lo que me puedan decir en la calle".

"Lo que me digan en la calle yo no le tomo importancia porque ellos no saben por lo que uno tiene que pasar y no saben cómo vive uno, no saben el problema que uno tiene", dice Cristina.

"Lo más problemático es que nosotros nos asombramos, no estamos acostumbrados a ver o platicar con gente enferma", señala el endocrinólogo Enrique Riveras Castillo.

Como explica el especialista, la sociedad no está acostumbrada a incluirlos, por eso, una persona con gigantismo no puede llevar una rutina normal, desde lo más básico, no hay espacios diseñados para ellos.

Cristina nos demostró que en la Ciudad de Monterrey no se cuenta con la infraestructura necesaria para que una persona con la enfermedad o simplemente sea de talla alta puede viajar en el transporte público.

"A veces me tengo que mover a donde está la ventanilla de ventilación porque está más alto", señala la joven que mide dos metros de estatura.

"También batallo con mis rodillas al sentarme porque me topan en el asiento y tengo que irme de ladito", explica abordo de una ruta urbana.

Gigantismo, historia de la regia Cristina
En un camión urbano, Cristina busca la ventanilla de ventilación para poder viajar sin agacharse. | ESPECIAL

La misma dificultad pasa al tomar un taxi.

"Cuando tomo un taxi no voy cómoda, por mis rodillas, mis piernas. Topo en el capacete por lo alto".

Su cuidado personal también es complicado, en las estéticas no alcanzan a cortar su cabello, por ejemplo.

Le gusta la moda como a cualquier mujer, pero no hay opciones para que ella.

"En la ropa es por lo largo, los pantalones me quedan chicos, las blusas igual, no van con mi altura", explica Cristina.

¿Qué tan difícil es para Cristina comprar unos zapatos?

"Desde que estaba en la primaria ya era complicado, ya desde que estaba en sexto calzaba del ocho y era muy complicado para mis papás encontrar un calzado a mi medida".

Al ir a preguntar a una zapatería de la ciudad rectificó que no hay de su número.

Cristina: Buenas tardes, ¿tendrás calzado de mujer del número 13?

Vendedora: No, llega hasta el siete y medio el más grande.

Fue un zapatero quien le hizo el único par de sandalias que tiene, la ropa también la manda a hacer. Ha sido rechazada en varios empleos, por eso no cuenta con seguridad social para surtir sus medicamentos.

A la falta de infraestructura está acostumbrada, también a las burlas. Ya no pide lo contrario, ella se conformaría con apoyos para seguir medicándose, dejar de crecer y vivir más.