27 de mayo de 2014 / 02:00 p.m.

Jerusalén.- El Papa Francisco se desplazaba el lunes por un campo minado en el conflicto entre israelíes y palestinos, en una jornada en la que besó las manos de víctimas del Holocausto en el último tramo de una visita a Oriente Medio cargada de avezados gestos personales.

En un día atestado de encuentros políticos y religiosos que empezó en la Cúpula de la Roca, el Papa se quitó los zapatos antes de entrar en el templo desde donde los musulmanes creen que el profeta Mahoma ascendió al cielo.

Después, fue a rezar al próximo Muro de los Lamentos, uno de los lugares santos de los judíos y el único resto de su sagrado Segundo Templo, destruido por los romanos en el año 70 DC.

En ese lugar, un rabino y un líder islámico -ambos amigos de Francisco y provenientes de su natal Argentina- se abrazaron en una señal del diálogo interreligioso que el Papa busca impulsar como catalizador de la paz en la región.

El Papa hizo uno de sus gestos políticos más avezados el domingo cuando intervino inesperadamente en los esfuerzos diplomáticos para poner fin al conflicto entre israelíes y palestinos, al invitar a los presidentes de ambas partes a la residencia del Vaticano a orar por la paz.

Se espera que aquella reunión se lleve a cabo el 6 de junio. El portavoz del Papa, el padre Federico Lombardi, dijo que el pontífice tenía una misión estrictamente religiosa y que "no tiene una agenda política ni propuestas que hacer", aunque esperaba que el encuentro generara confianza.

Pero Mahmoud Abbas y Shimon Peres -quien no tiene voz alguna en la diplomacia israelí y dejará su puesto en julio- aceptaron el ofrecimiento, el cual se produce un mes después del colapso de las conversaciones de paz impulsadas por Estados Unidos en medio de amargas recriminaciones mutuas.

"Trabajaremos juntos, judíos, cristianos y musulmanes, para poner fin a los conflictos", dijo Peres el lunes, en declaraciones hechas junto al Papa, en un lugar rodeado por un grupo de niños.

REUTERS