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9 de febrero de 2016 / 06:20 p.m.

Londres.- Las cianobacterias actúan como microlentes esféricos, que utilizan los mismos principios físicos que el ojo de una cámara o un globo ocular humano, para detectar la luz y moverse hacia ella, concluyeron biólogos investigadores.

La fototaxis bacteriana, reacción de orientación de los organismos celulares libres como respuesta a un estímulo luminoso, fue reconocida por primera vez hace más de un siglo pero hasta ahora se conoce cómo detectan la dirección de la luz.

Un equipo internacional del biólogos estudió la reacción ante la intensidad y color de la luz de las cianobacterias unicelulares, abundantes en el medio ambiente ya que son responsables de la primera acumulación de oxígeno en la atmósfera.

En un estanque de lodo, observaron cómo los rayos entrantes se refraccionaron y se enfocaron en un punto alejado de las cianobacterias y éstas se movieron hacia la luz.

Las cianobacterias, incluyendo las de la especie Synechocystis utilizadas en el estudio, son una forma de vida antigua y abundante, viven en el agua y obtienen su energía de la fotosíntesis, lo que explica su entusiasmo por la luz brillante.

“Tienen una forma de detectar donde está la luz, sabemos que se mueven en dirección a la luz, pero estábamos confundidos acerca de esto porque las células son muy, muy pequeñas”, dice el coautor del estudio Conrad Mullineaux, de la Universidad Queen Mary de Londres.

El profesor Mullineaux y sus colegas de Reino Unido, Alemania y Portugal llevaron a cabo una serie de experimentos con diferentes tipos de microscopios que utilizan rayo láser para traerlas y observar su movimiento.

Todas siguieron la luz, lo que permitió a los investigadores corroborar que las células “ven” cierta cantidad de luz a su alrededor, “tendrían una percepción de 360 grados” de su entorno, por lo que se centraron en el interior de la membrana celular.

De acuerdo con sus análisis, las cianobacterias tendrían una imagen muy borrosa de su entorno, muy por debajo de la precisión de nuestros ojos, pero suficiente para que sus moléculas fotoreceptoras las guíen hacia la luz.

Las células Synechocystis “no responden a un espacio-temporal de la intensidad de la luz, sino que más bien tienen la sensación directa y precisa de la posición de una fuente de luz”, escribieron los investigadores en un artículo publicado en la revista británica eLife.

La detección de luz direccional es posible porque esas células actúan como microlentes esféricas, que les permiten ver una fuente de luz y avanzar hacia ella, concluyeron.

“A pesar de ser de sólo tres micrómetros (0.003 mm) de diámetro, las bacterias en el estudio utilizan los mismos principios físicos como el ojo de una cámara o un ser humano. Esto hace que sean probablemente el ejemplo más pequeño y antiguo de una lente de este tipo”, añaden.