NOTIMEX
23 de agosto de 2016 / 02:04 p.m.

OAXACA.- La noche oaxaqueña envuelve sus curvas, la luna les da ese brillo tan característico, mientras que las estrellas resplandecen en los grabados de las artesanías de San Bartolo Coyotepec, que se distinguen por su materia prima, el enigmático y famoso barro negro.

El secreto del color negro, que caracteriza al barro con el que esta comunidad crea brillosos jarrones, animales, alhajeros y joyería, que adornan hogares de todo el mundo, ha sido resguardado celosamente durante generaciones por las familias de artesanos, quienes se saben poseedores de un tesoro del que ningún otro estado mexicano goza.

El barro negro, el misterioso secreto de las artesanías de Coyotepec
El 80 por ciento de  Bartolo Coyotepec dedica suy vida a trabajar el barro negro. | NOTIMEX

En una población que en el 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), estaba compuesta por 9 mil 105 habitantes, la artesana Rocío Ortiz Real señala en entrevista para Notimex que “80 por ciento de la comunidad dedica su vida a trabajar el barro negro”.

Ubicado en los Valles Centrales de Oaxaca, este poblado alberga a los artistas que brindan su tiempo, paciencia y esmero, a la fabricación de las delicadas piezas que, sin importar la figura de la que se trate, traen consigo el misterio de la noche oaxaqueña.

Con una sonrisa traviesa, Rocío afirma “muchos tienen la idea de que pintamos el barro de negro y esto no es así, hay todo un proceso detrás del color de nuestras artesanías”.

De pie, en medio de la pequeña explanada de la Plaza Artesanal municipal donde 108 artesanos ofertan su trabajo, Rocío comienza a explicar entusiasmada, el proceso de elaboración de estos objetos tan populares en México y en el mundo.

“El proceso comienza al traer en costales el barro de la mina; llega el barro que aún es piedra y se extiende en el petate para asolearlo y ya que está bien seco, es vaciado en tinas de agua para humedecerlo y después hay que extenderlo en el petate para amasarlo con los pies. Todo esto nos lleva una semana” explicó.

El barro negro, el misterioso secreto de las artesanías de Coyotepec
El brillo que emana de las artesanías de barro negro hace recordar a la forma en que la luna ilumina un rostro. | NOTIMEX

Contrario a lo que muchas personas pudieran pensar, el barro no siempre deja la piel tersa y resplandeciente, esto lo sabe Amalia, la mujer que se ha quitado lo zapatos y, descalza, camina hacia el petate donde el barro que aún es de color gris claro, la está esperando para que lo enamore con los suaves movimientos de sus pies.

“Mis pies están rasposos y se secan mucho porque cada que preparamos el barro para comenzar a elaborar la pieza, tenemos primero que amasarlo hasta que tome una consistencia de plastilina y pueda manejarse más fácilmente”, explicó Amalia quien lleva 25 años en el oficio de artesano.

Rocío vuelve a tomar la palabra y continúa con la explicación del proceso que a primera vista parece más bien un ritual, “Ya que está amasado formamos bloques en el petate y comenzamos a agarrar el barro para elaborar las piezas. Ya que están hechas, las pulimos, grabamos o podemos calar”.

Y es en este punto en que poco a poco se comienza a revelar el secreto del misterioso color negro.

El brillo que emana de las artesanías de barro negro hace recordar a la forma en que la luna ilumina un rostro a través de una ventana durante la noche, un momento digno de admirar.

El barro negro, el misterioso secreto de las artesanías de Coyotepec
El esfuerzo, amor y pasión que le imprimen estos artistas a cada uno de los objetos, que para Rocío y Pedro su artesanía no es muy valorada. | NOTIMEX

Esta característica particular se le atribuye al pulido al que es sometido la pieza antes y después de su elaboración, un paso fundamental del proceso debido a que sin el bruñido el color negro sería opaco y sin vida, señaló Pedro Aguilar, el artesano que, mientras platica, pule un florero regordete y chaparro.

“Por ejemplo, en esta pieza lo que estamos haciendo es alisarla y en el bruñido nos llevamos como una hora. La piedra con la que la estamos puliendo la traemos del cerro y la conocemos como piedra lisa que es como el cuarzo pero más resistente; o bien, utilizamos una varita de carrizo”, aseveró.

Sin dejar de pulir su vasija, la cual acaricia y rodea con sus dedos como si se trataran de curvas femeninas, explica que entre más pasadas se le dé a la pieza, ya sea con la piedra o con la vara, más brillosa va a quedar y el famoso color negro podrá amarra más. Una vez concluido este paso, se deja secar la pieza entre ocho y 15 días antes de entrar al horno.

Y aunque ahora es notorio que el pulido es parte fundamental del característico color de la noche, los artesanos continuaban guardándose el verdadero secreto que ha pasado de generación en generación y que provoca que los objetos se tornen elegantes y enigmáticos.

La explicación continúa en boca de Pedro, quien con una sonrisa afirma que para evitar que la pieza se quiebre en el horno, una vez grabada o calada con una amplia variedad de figuras como estrellas, flores, líneas, círculos, entre otras, él mezcla dos tipos de barro, el tradicional barro amarillo y el que se obtiene con el proceso antes mencionado.

“El barro amarillo resiste el calor, el aire y el frío y lo que es el barro negro es muy delicado porque en mal tiempo se rompe muy fácil, entonces hacemos una mezcla de los dos tipos y tenemos una pieza más resistente”, apuntó el artesano, quien destaca que las piezas que más le gusta hacer son los cántaros mezcaleros y las jarras.

Con el orgullo y felicidad de quien se sabe poseedor de un secreto ancestral que jamás será revelado, porque si esto ocurriera, la magia y el misterio llegarían a su fin, Rocío simplemente suelta:
Nuestro secreto se basa en la forma de cómo lo horneamos, es nuestra forma de tapar el horno, la razón por la queda negro el barro”.

El barro negro, el misterioso secreto de las artesanías de Coyotepec
El horneado puede llevar de seis a ocho horas dependiendo del tamaño de la pieza, señala Pedro. | NOTIMEX

Sin dar más detalles, tanto ella como Pedro prefieren reservarse esa manera de tapar el horno porque, como señalan, el enigma, la popularidad, y el simbolismo que significa el barro negro para su pueblo se verían vulnerados si alguien ajeno a él, conociera el tan apreciado secreto.

Una vez develado el secreto a medias, Pedro detalla que el horneado puede llevar de seis a ocho horas dependiendo del tamaño de la pieza, que una vez extraída de este, es limpiada y pulida nuevamente para ahora sí, ser llevada a la Plaza Artesanal.

En total, el proceso para la elaboración de una pieza de barro negro lleva aproximadamente 15 días, lo que muestra el intenso trabajo que estos artesanos llevan a cabo “la mayor parte de mi día lo dedico a esto porque terminando de hacer las labores en el hogar, luego luego me pongo a trabajar y termino hasta las 11 de la noche”, señala Rocío.

Es por eso, por el esfuerzo, amor y pasión que le imprimen estos artistas a cada uno de los objetos, que para Rocío y Pedro su artesanía no es muy valorada ya que la relación del trabajo de elaboración y el costo final, no es proporcional.

“Por ejemplo, por un jarrón de 50 centímetros pido mil 500 pesos y cuando la gente ve el precio se espanta, entonces yo siento que es poco para el tiempo que se lleva uno en hacerlos”, dice.

“Porque de estos, agregó, supongamos que se hicieron unos diez y se quebraron cuatro, entonces yo salgo perdiendo ahí porque no recupero lo que invertí y no se valora mi esfuerzo”, detalló Rocío.

Las bellas piezas que posan sobre las repisas de la pequeña tienda de esta joven dan muestra de lo que menciona, ya que están colmadas de alhajeros de 25 pesos, aretes de 20 pesos y floreros de 40 pesos que, sí realmente tomaran en cuenta el valor que se merecen, costarían más.

No obstante, Rocío señala que el bajo costo se debe a que hace falta publicidad para la Plaza Artesanal de San Bartolo Coyotepec, ya que aunque el barro negro es conocido en todo México y el mundo, esta pequeña plaza, que a primera vista parece carente de vida y alegría, necesita la llegada de más turismo nacional y extranjero para incentivar las ventas.

“En esta plaza el trato es directamente con el artesano, yo trabajo, yo vendo yo produzco. Lo que nos está levantando son los pedidos para fiestas porque el turismo es muy poco”, señala la artesana.

La noche oaxaqueña no tiene comparación. La luna la protege de la oscuridad derramando en ella una cálida luz blanca que contrasta con lo colorido de su pueblo. Las estrellas la acompañan para recordarle que la belleza de su ciudad es casi comparable con la de ellas.

Cada persona que viene a San Bartolo Coyotepec y adquiere un pequeño conejo, unos aretes, un collar, un jarrón o un cántaro elaborado en barro negro, se está llevando consigo, un cachito del enigma del firmamento oaxaqueño.