6 de junio de 2014 / 02:15 p.m.

Aunque puede ser que muchos no estén acostumbrados a bañarse con agua fría, deberían comenzar a hacerlo ya que representa muchos beneficios para la salud.

Debidamente aplicada sobre la piel, el agua fría normaliza:

Porque despierta la actividad funcional del organismo

Porque mediante la reacción térmica saca a la superficie del cuerpo la congestión de sus entrañas, que es fiebre destructiva

Porque favorece por los poros la expulsión de las impurezas de la sangre

Una ablución general de agua fría, despertando reacción nerviosa y circulatoria, produce contracción de la red sanguínea de la piel, vaciando la sangre al interior, para repletarse con mayor cantidad de ella por medio de la reacción del calor que sigue a la acción del frío.

Esta reacción térmica significa mayor actividad orgánica y, en consecuencia mejor circulación de la sangre y distribución del calor en el cuerpo. Así activada la piel, las impurezas internas son expulsadas por los poros por simple exhalación o por transpiración.

Vulgarizando el concepto, podemos decir que la reacción producida por una aplicación fría sobre la piel, equivale al efecto de una ventosa que saca al exterior la congestión e impurezas interna. Respiraciones profundas después del baño favorecen el cambio orgánico.

El frío del agua sobre la piel tiene doble efecto: contracción vascular que descarga la sangre de los capilares al interior y reacción que descongestiona los órganos del interior y repleta los vasos de la piel, donde afluye el exceso de calor interno y las impurezas de la sangre para eliminarlas por los poros.

Se comprende así el peligro que representa el baño frío de inmersión que se hace violentamente y no por partes, pues así el fenómeno que acabamos de explicar se realiza en forma violenta produciendo súbita congestión de los órganos internos de efectos perniciosos, especialmente para los pulmones y corazón, razón por la cual es corriente constatar síncopes cardíacos que producen la muerte repentina de imprudentes bañistas que de golpe se lanzan al agua fría.

Para evitar los inconvenientes apuntados, es regla general que toda aplicación de agua fría debe hacerse por líneas y rápidamente, mojando el cuerpo por los pies en primer lugar para ir ascendiendo hasta el cuello sin tocar la cabeza, que se deja libre, salvo indicación contraria.

Como el principal efecto que se persigue con la aplicación de agua fría sobre la piel es la reacción de calor, que elimina la fiebre y suciedad interna, es preciso que el baño sea corto, buscando en seguida la reacción con abrigo o ejercicio físico que favorezca la producción de calor, sin llegar a transpirar, pues esto anularía el buen efecto de la reacción ya que la transpiración enfría la piel.

Mientras mayor calor acumule el cuerpo y más fría sea el agua, la reacción será más enérgica y duradera, lo que equivale a decir que los beneficios obtenidos serán superiores.

FOTO: Tomada internet

AGENCIAS