SAUL VIGIL
30 de mayo de 2016 / 01:30 p.m.

Monterrey.- Desde hace mas de 20 años Juany Estrada comienza su día desde las ocho de la mañana. La rodea una confortable silla y sus herramientas, con las que hace maravillas cada que un cliente llega a solicitar la limpieza de su calzado.

"Yo empecé aquí porque de esto comenzaron mis padres, mi papá me enseñó este oficio" dijo Juany.

Para los boleros no solo es necesario contar con la grasa el jabón de calabaza, pintura, cepillo y franela, sino realizar una buena boleada y sobre todo un buen sentido del humor.

Además de lustrar zapatos o botas, son sociables, testigos de las calles, confidentes y conocedoras de la vida, pues su experiencia les da historias para compartir.

"Somos muy queridos por nuestros clientes, y los que nos hemos ganado los vemos a Fin de Año por que nos llegan detallitos y para nosotros tienen mucho significado", dijo.

Ser bolera es un trabajo digno, el hecho de ser mujer no impide ejercer algunos quehaceres que realizan los hombres.