16 de febrero de 2014 / 03:11 p.m.

Comenzar el día sin haber probado bocado, provoca menor capacidad de concentración y rendimiento intelectual, mal humor y sensación de cansancio.

Además,  favorece el estreñimiento y aumenta el riesgo de obesidad, diabetes e infartos.

 Un estudio muestra que los adolescentes que desayunan poco o nada tienen un 68 por ciento más de posibilidades de desarrollar síndrome metabólico, lo que incrementa el riesgo de trastornos cardiovasculares.

Una excusa muy común entre aquellos que no toman nada por la mañana es que cuando se levantan no tienen hambre.

¿Se ha parado a pensar que quizás cena demasiado? Durante la noche se retrasa el vaciamiento del estómago, lo que enlentece el tránsito intestinal.

Las personas que no desayunan tienen mayor acumulo de apetito a lo largo del día, especialmente vespertino, y tienden a cenar más, advierte el doctor Camilo Silva, endocrinólogo de la Clínica Universidad de Navarra.

Una de las características de las personas que consiguen perder peso y mantenerlo es precisamente que hacen un buen desayuno.

Para mantener el equilibrio de nuestro cuerpo hay que hacer, al menos, tres comidas al día. Es aconsejable que el desayuno aporte un 20% de la ingesta calórica del día.

Agencias.