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13 de junio de 2016 / 02:29 p.m.

Aguascalientes.- Fotografías, máscaras, cráneos, artesanías, juguetes y piezas arqueológicas son parte de las más de 2 mil obras que resguarda el Museo Nacional de la Muerte, que ofrece un recorrido visual sobre la iconografía de la muerte y el arte funerario en la historia del país.

El encargado del recinto cultural, Antonio Padilla Pedroza, señaló que la Universidad Autónoma de Aguascalientes creó este museo en 2007 como un espacio de reflexión sobre el tema de la muerte.

Desde su creación y con la visita de turistas extranjeros que se interesan por conocer este museo, “vemos cómo la muerte nos conecta” en el mundo.

“Hay visitantes japoneses, alemanes, estadunidenses y de muchos otros países que aquí encuentran cosas que les asombran y que les interesan mucho”, dijo.

Insistió en que el objetivo es sostener un diálogo de reflexión con los visitantes al museo para conocer el tema de la muerte desde el mundo prehispánico, la Colonia y la época contemporánea.

“La cultura indígena cambia en su encuentro con los españoles y luego en el Siglo XIX con los panteones”, apuntó.

Expuso que la intención es mostrar una mirada gráfica de los últimos 500 años del país, especialmente de esta región de México, para saber cómo aprendimos los mexicanos a relacionarnos con la muerte, desde los entierros, las oraciones, el purgatorio, el cielo y el infierno, así como la parte irónica y burlesca sobre el tema.

Destacó que el museo se divide en la Sala Inframundo, que presenta enterramientos, definiendo cómo la concepción de la muerte varía entre los diferentes grupos humanos, ya que, por ejemplo, para los antiguos mexicanos no significaba el final de la vida sino parte de ella.

La Sala Visión Prehispánica define a las culturas del México antiguo que incluía el sacrificio humano y el canibalismo, en donde el culto funerario ocupaba un lugar de primera importancia. Las expresiones artísticas que se conservan fueron diseñadas como ofrendas para acompañar a los muertos en la vida ultra terrena.

La sala denominada Mundo Novohispano corresponde a partir de la Conquista, donde los evangelizadores instauraron la religión católica y prohibieron los sacrificios humanos, el canibalismo, la cremación y dieron carácter demoniaco a todos los dioses prehispánicos.

La sala México Independiente resalta las ideas promovidas por la Ilustración, que consideraban al cadáver como algo nocivo y contaminante que debía alejarse de los poblados. Después de una convivencia común con los muertos, éstos se empezaron a ver con espanto y horror.

En 1875 se inauguró el primer panteón civil; libre de la tutela religiosa, la gente más humilde comenzó a visitar a sus difuntos en el Día de Muertos, y es cuando los cementerios se convierten en verbenas y romerías con excesos gastronómicos, etílicos y musicales.

Padilla Pedroza dio a conocer que de España llegó la tradición de retratar a niños muertos en su carácter de angelitos y se realizaron óleos encargados por familias acomodadas, pero la fotografía facilitó esta costumbre a los estratos más humildes que retrataban a sus difuntos a bajo costo.

En la sala Época Contemporánea se muestra que durante el porfiriato convivieron sin mezclarse dos visiones de la muerte: la de José Guadalupe Posada, que invitaba a la risa franca y predominaba en el gusto popular

Asimismo, la de Julio Ruelas, que era trágica, obsesiva, morbosa y oscura, fiel a la moda europea, preferida por artistas, literatos y aristócratas.

Tras la Revolución Mexicana llegó la reconstrucción nacional y la necesidad de buscar elementos para unir al país, se revaloró el arte prehispánico, indígena y popular, dejando de lado las expresiones novohispanas.

En esta época, los intelectuales y pintores construyeron la idea de que todos los mexicanos teníamos un trato preferencial con la muerte, que no causaba temor y que festejábamos su llegada.