FRANCISCO ZÚÑIGA ESQUIVEL
18 de marzo de 2015 / 09:20 a.m.

Monterrey.- Don Toñito ha llegado a donde pocas personas lo hacen.
Hace unos días, en perfecto estado de salud, llegó a los 105 años, muy bien cumplidos.

Y tan sano, que todavía hace ejercicio diariamente. Hace ejercicios de yoga, camina con el andador y hasta acude a su terapia con la bicicleta.

Maestro durante más de 50 años, don José Antonio Fernández Cervera vive ahora en tranquilidad sus 105 años. Sonríe cuando le preguntan si era de los maestros que disciplinaba con la regla.
“En aquel tiempo los alumnos eran muy obedientes, no había desorden, no batallaba uno con la disciplina” recuerda.

Recuerda que nació en Monterrey, pero lo registraron en Piedras Negras, Coahuila. En ese tiempo, nuestra ciudad era muy pequeña indica don Toñíto.

En 1940, don José Antonio se casó con el que fue el amor de su vida, Reyna de la Garza, y en los 75 años de matrimonio procrearon cinco hijos, tres hombres y dos mujeres.

Hace un año, ella partió a la morada eterna, pero aún lo acompaña en la foto de bodas que está frente a su casa, y donde todos los días, hay rosas recién cortadas.

Y sobre todo, la ve en cada uno de los nietos, bisnietos y tataranietos que forman la descendencia de ambos.

Ha llegado a sus 105 años en perfecta salud, y con suficiente fuerza y alegría para vivir muchos más.

NACIÓ CUANDO LA GENTE VIAJABA EN CARRETERAS, HOY VIAJA EN INTERNET

Cuando Don Gonzalo nació, la gente viajaba en carretas, hoy, él viaja por internet.

Don Gonzalo era niño todo se escribía a mano. Hoy, al cumplir 100 años, su principal entretenimiento es navegar en su computadora, para conocer nuevos mundos.

Don Gonzalo

Al cumplir sus primeros cien años, Don Gonzalo Salazar Salazar, nativo de Allende, Nuevo León, y avecindado en Monterrey desde niño, el mundo todavía tiene muchos destinos que descubrir, y en su computadora viaja con una facilidad que en su juventud no tuvo.

Don Gonzalo nació el 16 de marzo de 1915, en Buenavista, Allende, en plena época de la revolución, aunque de ella no recuerda mucho.
En cambio, sí recuerda como era el Monterrey de los años veintes, treintas, y a sus personajes.

Trabajó para fundidora, como obrero y luego como oficinista. Y estuvo en muchas empresas regiomontanas.

A sus cien años, Don Gonzalo tiene la salud de un quinceañero. Escucha perfectamente, aun lee, come de todo, y recuerda hasta el mínimo detalle de su vida.

Aunque los años ya le obligan a usar silla de ruedas, se da sus escapaditas para caminar.

No hay secreto para su radiante longevidad. Sólo una vida sencilla, sin excesos.

El festejo no pudo faltar, pues no todos los días se cumple un siglo de vida. Pero lo que se puede hacer todos los días, dice don Gonzalo, es vivir con alegría. Hasta donde Dios lo deje.