5 de marzo de 2014 / 01:59 a.m.

Los Ángeles.- Decía Santa Teresa que Dios se encuentra entre pucheros. Y, tal vez, la manera en que la santa española dignificó la cotidianidad, inspiró a un joven sacerdote llamado Luis de Lezama en el Madrid de 1962.

A los 26 años comenzó como párroco en dos iglesias humildes del extrarradio de la capital de España. Allí luchó contra la marginación juvenil, la droga, y la cárcel. Le llamaron "el cura de los maletillas", por su implicación social con los aprendices de torero a los que abrió su casa como albergue. Decide entonces montar un restaurante para emplear a estos jóvenes sin recursos.

"Descubro que la hostelería produce, a muy corto plazo, un cambio en los jóvenes, les hace relacionarse socialmente, les hace adquirir una educación y una cultura básicas, les hace evolucionar en la creatividad a través de la cocina", explicó Lezama.

A finales de enero, Lezama se reunió en La Taberna del Alabardero, en Washington, con un grupo de periodistas iberoamericanos. La noticia: los 40 años de ese grupo formado inicialmente por un cura "que no tenía idea de cocina" y muchachos desamparados que vivían de recolectar "chatarra, cartones y papeles viejos". En 1974 se abrió la Taberna del Alabardero en Madrid, frente al Palacio Real. Y en 1989, hace 25 años, se inauguró La Taberna del Alabardero de Washington, DC.

Hoy, el padre Lezama preside una de las cadenas más prestigiosas de España con más de 600 empleados y una facturación de más de 20 millones al año. Y todo manejado en un contexto no lucrativo, sin accionistas ni presiones. Eso, explicó Lezama, le da independencia y capacidad de innovación y riesgo.

Lezama está acostumbrado a la controversia. No fue un camino fácil nadar contracorriente en las procelosas aguas de la España de la dictadura en los años 60 y 70 del siglo XX. Todavía queda algo de esa España "gobernada por los derrotados del Vaticano II", pero Lezama ve en el Papa Francisco una renovación y una esperanza.

Agencias