23 de febrero de 2014 / 04:52 p.m.

México.- Al menos cinco por ciento de los pacientes que viven con VIH, y que son atendidos por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), presentan resistencia a la insulina o diabetes como consecuencia del tratamiento antirretroviral o factores genéticos y ambientales asociados con el estilo de vida.

Esta condición aumenta la posibilidad de desarrollar algunas enfermedades cardiovasculares y otras complicaciones propias de la diabetes, indicó el doctor Juan Sierra Madero, jefe del Departamento de Infectología de ese nosocomio.

El especialista precisó que esa cifra, integrada en gran parte por varones y adultos mayores, forma parte de los mil 500 casos que en la actualidad atiende el Instituto.

Si bien los medicamentos antirretrovirales han demostrado alta efectividad en el tratamiento del VIH, algunos estudios han demostrado que estos fármacos aumentan el riesgo de padecer diabetes, en especial los inhibidores de proteasa que suprimen al máximo la replicación del virus y detienen la evolución de la enfermedad, comentó.

El tratamiento antirretroviral conocido como altamente activo o combinado, y que consiste en tomar al menos tres drogas juntas para lograr el efecto esperado, fue aprobado en 1995 y México lo puso a disposición de los pacientes dos años después.

Los adultos mayores también son más susceptibles al diagnóstico de diabetes, sobre todo ahora cuando se puede tener una vida más larga al ser portador del VIH, pero sin desarrollar Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida).

Además, al tener presente que el VIH por sí solo deteriora y debilita de forma progresiva el sistema inmunológico de quien lo padece, existe mayor riesgo de contraer alguna enfermedad cardiovascular por la inflamación que produce en el organismo.

Quienes ya tienen establecido este síndrome, que es la combinación de tres o más alteraciones químicas y biológicas como aumento de glucosa, la presión arterial, el bajo nivel del colesterol bueno (HDL), los altos índices de triglicéridos y la obesidad o sobrepeso, deben poner mayor atención para evitar otras complicaciones irreversibles.

El también investigador apuntó que la prevalencia de diabetes en personas con VIH sugiere realizar mediciones regulares de los niveles de glucosa, así como una evaluación para determinar la función renal y la situación del síndrome metabólico, por lo menos una vez al año.

Descartó que deba plantearse en forma tajante la posibilidad de evitar el uso de inhibidores de proteasa en personas con alto riesgo de padecer diabetes. “Hay que llevar un control más estricto y tener presente que podría agravarse el problema cuando se indican estos medicamentos”, añadió.

“Hace 20 años apuntábamos a lo que hoy tenemos: un tratamiento que consiguiera controlar está enfermedad y poder llamarla crónica, pues ahora estamos con miras a algo definitivo”, dijo el experto, quien aseguró que los nuevos medicamentos antirretrovirales son difíciles de mejorar porque ya son muy efectivos.

Lo anterior se traduce en fármacos más fáciles de tomar, de tolerar y de mayor seguridad, pero los pacientes deben mantener una adherencia al tratamiento, pues de lo contrario el objetivo no se alcanzará, insistió Sierra Madero.

“La situación de esta enfermedad ha cambiado, pues de considerarse un padecimiento mortal ahora cuenta con un tratamiento que mejora la calidad de vida del paciente y con expectativas muy amplias, sin embargo, es indispensable replantear la estrategia de prevención de la epidemia”, concluyó el infectólogo.

Datos publicados en el portal de la Clínica Especializada Condesa indican que en el Distrito Federal, donde se registraron los primeros casos de Sida en 1983, había por lo menos 40 mil personas con VIH hasta finales de 2012.

Ese número representa 17 por ciento del total de casos registrados a nivel nacional, cuya cifra ascendía a 225 mil casos y, por ende, la ciudad de México tiene la prevalencia de VIH más alta del país con 0.79 casos por cada 100 mil habitantes.

Al cierre de 2012, las estadísticas también reflejaban que más de 84 mil personas recibían medicamentos antirretrovirales en nuestro país y se estima que al año se integran alrededor de ocho mil personas al tratamiento, por lo que un paciente infectado puede vivir más allá de los 60 años.

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