11 de abril de 2014 / 04:56 p.m.

Yo creo que lo más difícil de tener acondroplasia para mi hermano es que se burlen de él. Porque él no eligió ser así y, entonces, molesta que se burlen de su estatura. Es tan sensible e, incluso, más que la mayoría de la gente.

Yo de pequeña intentaba defenderle pero a él casi que le daba vergüenza. O se defendía él con su autoestima.

Lucas y yo, como todos los hermanos, nos peleamos, lo normal. La gente siempre me solía y suele decir: "Y cuando os enfadáis, ¿tú le pegas?" Y yo siempre tenía que responder lo mismo: "No. Yo no pegaría a Lucas y él tiene mucha más fuerza de lo que parece». Aunque de eso yo me estoy dando cuenta ahora: que, aparte de fuerza física, que es de lo que se chulea todo el mundo, Lucas tiene fuerza interior. Que está llevando una operación muy difícil, con duras noches sin casi dormir, con días horrorosos...

Yo lo que estoy viendo es que Lucas nos está enseñando una lección impresionante a todos sobre cómo se siente uno cuando va por la calle y todo el mundo le mira, de cómo pueden llegar a ser ciertas partes de esta operación y cómo él puede enfrentarse a todo y salir adelante. ¡Y Lucas no es el único! Hay cientos de niños y de adultos en España con acondroplasia que desde pequeños recibieron burlas.

Así que la próxima vez que miréis a alguien con malos ojos, como de asco, y que penséis que esa persona es rara... Poneos en el lugar de esa persona y pensad cómo lo debe estar pasando."

AGENCIAS