MILENIO DIGITAL | EMILY CADMAN
14 de septiembre de 2015 / 11:25 a.m.

México.- Es cierto, el dinero puede comprar la felicidad. Es la conclusión de una serie de analistas de la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido (ONS, por sus siglas en inglés), que combinaron encuestas sobre la riqueza de los hogares y el bienestar personal. “Satisfacción con la vida, la autoestima y la felicidad son más altos, y hay menos ansiedad, a medida de que aumenta la riqueza familiar”, dijo la ONS en un artículo.

De hecho, un tipo muy específico de dinero da la relación más fuerte con el bienestar: la riqueza financiera neta, ya sean acciones y valores, ahorros en los bancos o bajo el colchón.

Por su parte, la generación rent (la generación que alquila) -jóvenes que sufren para tener su vivienda- no están desesperados. La ONS encontró que el aumento de propiedades o de la riqueza de pensión personal no tuvo como resultado un aumento medible en el bienestar. Los niveles de ingreso familiar -en lugar de los activos con los que ya se cuenta- también tuvieron una relación menos fuerte.

Sorprende que los activos físicos, como antigüedades, yates o autos de moda no tienen una relación con el bienestar personal.

Después de buscar en múltiples países y numerosas definiciones del bienestar y las necesidades básicas, concluyeron: “Si hay un punto de saciedad (en donde el ingreso y el bienestar ya no se relacionan), todavía tenemos que alcanzarlo”.

Los responsables de las políticas encontraron tal vez algo más importante: los países que disfrutan de un crecimiento económico más rápido, en promedio también experimentaron un mayor crecimiento en el bienestar.

En 2006, David Cameron, en ese entonces líder de la oposición, instó a los estadísticos a enfocarse en más medidas alternativas de la calidad de vida nacional. “El bienestar no se puede medir por el dinero o por operar en los mercados”, dijo. Sin embargo, las nuevas estadísticas que resultaron de su movimiento de políticas, sugieren que tal vez puedes tener una buena oportunidad.

Diane Coyle, fundadora de Enlightenment Economics, es una economista que piensa que las estadísticas deben centrarse en resultados más tangibles. “No creo que debamos medir la felicidad en lo absoluto. No es una medida ‘útil de política’. El gobierno no tiene palancas que afecten fácilmente la felicidad, y se debe concentrar en las cosas que el gobierno puede hacer”, dijo, y señala al empleo o al gasto en salud mental.

En un trabajo previo de la ONS, la buena salud, el tipo de empleo y las relaciones personales demostraron tener una relación más fuerte para mayores niveles de bienestar que se reportan. Al menos en los dos primeros el gobierno puede hacer algo.

Y si no le crees a la ONS, podrías estar de acuerdo con Ronald Reagan cuando dijo: “El dinero no puede comprar la felicidad, pero sin duda te dará una mejor clase de recuerdos”.