2 de febrero de 2014 / 02:51 p.m.

GREENWOOD, Indiana.— Durante más de 40 años el turismo estadounidense en Cuba estuvo vetado. Una prohibición a los viajes a la isla vigente desde la década de 1960 básicamente puso fuera de alcance a uno de los países más fascinantes del mundo.

Pocos estadounidenses han podido saborear la combinación de ajo, comino y orégano en las empanadas cubanas o disfrutar del expreso cubano con azúcar de la isla. Este año, sin embargo, Jordyn Perry, de Greenwood, pudo experimentar la cultura cubana en persona.

Perry, de 21 años, visitó Cuba como parte de un programa de investigación auspiciado por el Illinois College. Trabajó con botánicos, maestros y médicos para examinar los beneficios y las desventajas del sistema cubano de atención a la salud con miras a su propia carrera como terapeuta ocupacional.

El viaje la ayudó a corregir algunas nociones erradas que tenía sobre el supuesto odio de los cubanos hacia Estados Unidos y le permitió observar una tierra a la que los viajeros estadounidenses no han tenido acceso por años.

En La Habana, ella y sus compañeros de estudio se las veían en figurillas para descifrar los mapas de los autobuses. Tomaban taxis para que los llevasen a la parada indicada de buses con los que exploraban la vida nocturna de la capital.

Al no hablar español, se sentían perdidos.

Debía ser obvio que no sabían para dónde ir porque una familia se les acercó un día y comenzó a hablarles en inglés. En cuestión de minutos, la familia consiguió taxis para los muchachos y les contó de su vida diaria.

"Nos hablaron de su cultura y nos dijeron dónde trabajaban, las escuelas a las que iban sus hijos", relató Perry. "La gente hacía todo lo que estuviese a su alcance para asegurarse de que podíamos ver y disfrutar su país".

El viaje a Cuba fue parte del programa BreakAways del Illinois College, una universidad de artes liberales de Jacksonville. Las excursiones son encabezadas por profesores durante recesos del año académico.

Los estudiantes observaron el sistema de salud visitando consultorios médicos y hospitales. Para informarse del cuidado de los menores, trabajaron en centros educativos de La Habana.

"Desde una perspectiva psicológica, Cuba tiene una cultura fascinante no solo por las diferencias que vemos en la vida familiar y en la identidad cultural, sino también por su política de ofrecer educación y atención médica a todos sus ciudadanos", manifestó Rellinger-Zettler, su consejera académica.

El grupo viajó a Cuba el 31 de diciembre. A su llegada, Perry se sintió de inmediato impresionada por las paradojas del país, empezando por su sistema de salud.

El nivel de pobreza era tal vez comparable al que había visto en un viaje previo a Haití. Pocas personas tienen autos y a menudo hay que esperar horas para conseguir un taxi para ir al almacén.

Pero todos reciben atención médica de calidad.

Los estudiantes visitaron un centro psicológico donde los pacientes reciben terapia ocupacional diaria.

Perry también notó que el cubano es más extrovertido y hablador.

Los estudiantes cenaban platos típicos en restaurantes administrados por el estado. De vez en cuando iban a paladares, como se denomina a los restaurantes que funcionan en casas particulares.

Donde quiera que iban había músicos y artistas que actuaban a cambio de propinas.

El grupo regresó a Estados Unidos el 11 de enero y Perry dijo que el viaje le cambió su forma de ver la vida.

AP.