23 de junio de 2014 / 04:15 p.m.

México.- La artista plástica Marysole Wörner Baz, miembro de la Generación de La Ruptura, pionera en integrar elementos prehispánicos a su obra, murió la víspera en Tepozotlán, Estado de México, informó la Secretaría de Cultura capitalina y la cuenta de "Facebook" de la creadora.

La dependencia local emitió un comunicado en el que lamentó el deceso de la artista mexicana, aunque no se ofrecen detalles sobre el deceso ni se especifica el destino de los restos de Wörner, quien siempre fue más cercana a los artistas europeos en exilio en México como Remedios Varo o Leonora Carrington.

Destacada por su arte solidario, humanista y sombrío, la artista plástica había expuesto en marzo pasado "Escultura", en el Antiguo Atrio de San Francisco, como parte del Festival México Centro Histórico, donde se anunció que tras tres meses de exhibición comenzaría una itinerancia por los centros culturales-comerciales del Grupo Carso, así como fuera de la ciudad.

Hace tres meses, quizá presintiendo el desenlace, pues acababa de sufrir un derrame cerebral, Wörner donó su acervo a la Fundación Carlos Slim, en una acción atípica porque ésta no coleccionaba obra contemporánea.

Se trataba de unas 300 piezas, entre escultura en metal y piedra, óleos y dibujos, que abarcaban seis décadas de creación y por las cuales ella no recibiría retribución, solamente el compromiso de conservar, investigar y difundir la obra.

Wörner nació en la Ciudad de México en 1936, en el seno de una familia dedicada a la pintura, así que desde temprana edad mostró su talento; se dice que tenía ocho años cuando creó su primer claroscuro, donde se observa a una serie de personas con una hoguera en medio.

De formación autodidacta, la artista no fue una alumna brillante o destacada en la secundaria y puso en predicamento a su padre al decirle que no había nacido para estudiar. A partir de ese momento se dedicó a la pintura, citan sus biógrafos.

Pionera en integrar elementos prehispánicos a su obra, la temprana atención que logró de la crítica de entonces y el lanzamiento inicial de su carrera en Francia, le permitieron mantenerse al margen del enfrentamiento generacional que, a finales de los años 50 y principios de los 60, prevalecía en el ámbito de las artes plásticas mexicanas.

Su vida tuvo fuertes contrastes, de niña pasó directamente a sumergirse de lleno a la disciplina de la plástica, pasando por alto su juventud, y en uno de los mejores momentos de su trayectoria artística tuvo que retirarse del campo debido al alcoholismo que padecía.

En su primera etapa como pintora, a pesar de pertenecer a la "Generación de la Ruptura" -que representaba Manuel Felguérez, Vicente Rojo, Lilia Carrillo y Alberto Gironella, entre otros-, estuvo más apegada a los artistas europeos exiliados en México, como Remedios Varo, Leonora Carrington, Mathias Goeritz, Francisco Moreno Capdevila y Benito Messeguer.

De acuerdo con la biografía publicada en su portal de Internet, presentó su primera exposición individual en 1955 y a lo largo de más de seis décadas de trabajo exploró desde medios tradicionales hasta algunos acercamientos a los terrenos de la instalación, el arte efímero y los espacios invertidos.

Su creaciones se caracterizaron por su vivacidad, fiereza y una profunda carga emotiva que puede distinguirse en sus paisajes, retratos y esculturas. Algunos de sus cuadros, especialmente en los que manifestó su etapa como alcohólica, en la década de los 70, reflejaron su fuerte carácter.

Fue justamente después de un largo proceso de rehabilitación, cuando la artista regresó al campo artístico con una visión y una obra más madura, sus siguientes exposiciones se montaron en los principales museos de México.

La artista mexicana, quien perdió la vida ayer, consideraba que había nacido y crecido, y también que estaba casada con la pintura y el arte.

FOTO: EspecialNOTIMEX