JOEL SAMPAYO CLIMACO 
7 de septiembre de 2015 / 06:03 p.m.

Monterrey.- Durante cincuenta años, el nombre de Maurice Tillet permaneció olvidado en una sepultura en Francia, hasta que un personaje de película lo resucitó.

El 4 de septiembre de 1954, hace 61 años, murió el hombre que a ojos vistos inspiró a la figura de Shrek, el ogro bueno, éxito indudable en el cine animado de principios del siglo 21.

Tillet, el Shrek de carne y hueso, tuvo una vida tan singular como su clon computarizado:

Nació en 1903 en algún lugar de los Montes Urales, en Rusia, pero sus padres huyeron a Francia durante la revolución bolchevique.

Maurice, en su niñez, era bien parecido, al grado que le apodaban ‘El ángel francés’, pero su vida comenzó a cambiar cuando se le manifestó una enfermedad, la acromegalia, que alteró la producción de una hormona que le causó un crecimiento desproporcionado en sus brazos y su cabeza.

Acosado por las burlas, se enlistó en la Marina Francesa y viajó en todo el mundo, donde sorprendió a todos al aprender y dominar 14 idiomas, y en Singapur se convirtió en luchador profesional que lo hizo triunfar en Europa.

Con el estallido de la segunda guerra mundial, emigró a Estados Unidos buscando ser actor, y todo lo que pudo hallar es una oportunidad como luchador profesional.

Fue conocido como ‘el ogro del cuadrilátero’ y rápidamente se convirtió en ídolo y hasta campeón mundial.

Tenía una faceta de poeta de gran sensibilidad, pero su popularidad se limitaba cuando subía al ring, donde fue considerado el padre de la llave conocida como ‘el abrazo del oso’.

Pero al salir de las arenas, Maurice era un hombre solitario hasta que murió a la temprana edad de 54 años, y medio siglo más tarde, las pantallas de cine mostraron una figura indudablemente idéntica a aquel ‘ángel francés’ que algún día soñó en ser actor.