AP
27 de enero de 2016 / 08:08 a.m.

Nueva York.- Melanie Chirichella había esperado año y medio por un trasplante de riñón, cuando el sábado finalmente recibió la llamada de sus doctores de que tenían al donador perfecto en South Carolina.

"Fue como un milagro", dijo la mujer de 64 años. "Cuando llamó y dijo: 'Tenemos un riñón para ti', casi me caigo de la cama".

Pero había un problema: una tormenta de nieve azotaba la Costa Este. El equipo médico tendría que vencer a los elementos y al reloj para asegurarse de que la cirugía de trasplante ocurriera mientras el órgano, tomado de un paciente con muerte cerebral el viernes por la mañana, aún fuera utilizable.

Al final, Chirichella obtuvo su nuevo riñón, pero ello requirió de una combinación de audacia e improvisación e incluso, quizás, un poco de imprudencia.

Primero, los equipos de emergencia le dijeron que no había manera de que una ambulancia pudiera atravesar las condiciones climáticas para trasladar a Chirichella los casi 32 kilómetros (20 millas) desde su casa en Bohemia, Nueva York, al Hospital Stony Brook University en Long Island.

Pero el paramédico Pete Amato no se inmutó. Una década atrás, su hermano recibió un trasplante de riñón que le salvó la vida. Sabía que no había tiempo que esperar. Se puso al volante de una camioneta del hospital, encendió las luces y sirenas y emprendió el camino.

"Esto debe pasar", recordó Amato que pensó. "Conozco el sentido de urgencia".

En condiciones ideales, los doctores intentan trasplantar un riñón dentro de las 24 horas siguientes a su extirpación, pero pueden extenderse a 48 horas bajo las condiciones correctas.

El riñón, además de un segundo destinado a un paciente diferente en el Hospital Presbiteriano de la Ciudad de Nueva York, había salido de Charleston, South Carolina, en un vuelo el viernes por la noche.

La tormenta ya había empezado a afectar el transporte aéreo para entonces, pero este vuelo se realizó bien. Las aerolíneas son informadas cuando un órgano para trasplante está a bordo y los vuelos obtienen un estatus especial para evitar retrasos. Los órganos viajan al frente con los pilotos.

Los riñones llegaron a las oficinas en Nueva York del coordinador de la donación, LiveOn NY, el viernes a las 9 p.m., justo al momento en que la nieve empezó a caer en Nueva York. Luego tuvieron que someterse a una serie de pruebas. Los resultados finales no estuvieron disponibles sino hasta las 9 a.m. del sábado, cuando el viento soplaba y la nieve caía con fuerza.

Manejar ya era peligroso.

A Wilson Li, un especialista en preservación de órganos de LiveOn, le asignaron la tarea de entregar ambos riñones con la ayuda de un conductor de la empresa de transportación médica TransCare.

La primera parada fue el Hospital Presbiteriano, en lo alto de una loma en Manhattan con vista al río Hudson.

La camioneta que llevaba al equipo se atascó al intentar subir la colina y tuvo que ser empujada hasta la cima por un vehículo de saneamiento de la ciudad, contó Li.

Tras la entrega, abandonaron la camioneta y esperaron 45 minutos a que llegara una ambulancia para hacer el viaje de 96 kilómetros (60 millas) hasta Long Island.

Pararon cada 15 o 20 minutos para deshelar el parabrisas porque los limpiaparabrisas no podían funcionar. Pero siguieron adelante y entregaron el riñón en Stony Brook a las 4:12 p.m.

En tanto, Amato entregaba su otra carga valiosa: la paciente.
Mientras condujo a lo largo de la carretera Long Island Expressway, su camioneta casi fue golpeada por un camión y vio a un Jeep perder el control.

"Mi temor era que algo fuera a chocar con nosotros o que nos atascáramos", afirmó Amato.

Luego de una operación de tres horas y media, Chirichella, cuyo riñón original fue dañado por la diabetes, se recupera bien, dijeron los doctores.

El martes, Amato visitó a Chirichella en su habitación del hospital. Al verlo por primera vez desde que la trasladó al hospital, Chirichella se inclinó y le dio un beso en la mejilla.

Amato recordó el momento en que llegó a su puerta en la nieve para llevarla al hospital.

"Vi la mirada en su rostro, ese shock cuando llegué ahí", dijo.
"Alguien quiso que nos conociéramos".