26 de enero de 2014 / 05:00 p.m.

Un niño de once meses fue un "voluntario" para una investigación. Dejándolo jugar con una rata de laboratorio sin mostrarle ningún temor.

Pero James Watson, quien llevó a cabo el estudio, se preguntaba si podría lograr que el niño temiera al animal si hacían un ruido fuerte que le asustara mientras jugaba con ella.

El estruendo lo provocaron golpeando con un martillo una barra metálica fuera de la vista del niño. Después de repetir esa operación unas siete veces, el sobresalto que experimentaba Albert al oír el ruido mientras jugaba con la rata hizo que empezara a temer al roedor incluso en ausencia del molesto estruendo.

Miedo difícil de eliminar

Los investigadores pretendían después demostrar que el miedo también puede desaprenderse.

Para ello habían planeado ofrecerle a Albert  golosinas y, mientras las degustaba, acercarle la rata para que lograra deshacerse ahora de sus temores. Pero la madre se llevó al niño antes de que pudieran comprobarlo.

La revista Science explica cómo el cerebro es capaz de ligar el recuerdo de dos experiencias (oír un ruido y jugar con una rata).

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts han descubierto como dos circuitos del cerebro implicados en la memoria colaboran para unir recuerdos de sucesos que han ocurrido muy próximos en el tiempo. Tratándose de una habilidad crítica que ayuda al cerebro a distinguir cuándo tiene que poner en marcha una respuesta de defensa frente a una potencial amenaza

Establecer relaciones

Se conoce bastante bien cómo el cerebro logra establecer una relación entre lugares (dónde) y sucesos (qué). Unas células especializadas del hipocampo, llamadas neuronas de lugar, excitan cuando estamos en el lugar donde nos ocurrió algo.

Manipular memorias

Por medio de una técnica nueva denominada optogenética, que permite “encender y apagar” a voluntad grupos de neuronas en el cerebro de un roedor vivo, han demostrado que los dos circuitos deben colaborar para dar lugar a una experiencia de miedo condicionado como la del pequeño Albert.

Para los animales, y también para los humanos, estas rutas cerebrales que permiten asociar memorias son importantes. Y el equilibrio entre ambas es crucial para encontrar un punto medio entre quedarnos paralizados por el miedo o ir por la vida completamente despreocupados de las situaciones amenazantes.

Agencias.