MILENIO DIGITAL
13 de mayo de 2017 / 12:11 p.m.

ESPECIAL.- Van en la preparatoria y si estuviera entre sus posibilidades, las chicas se "arreglarían" la nariz, la cadera o, incluso, los brazos. Se toman su tiempo para pensarlo y finalmente responden al tiempo que se miran o tocan aquella parte de su cuerpo que, dicen, no les gusta.

Algunas tienen apenas 12 o 15 años, pero ya piensan en realizarse una rinoplastia, es decir, corrección de nariz; una otoplastia para mejorar la apariencia de las orejas y, en algunos casos, las chicas pedirán a sus padres una mamoplastia para así aumentar el volumen de senos.

No importa si aún están en desarrollo, consideran que se lo han ganado por tener buenas calificaciones, ser responsables y cumplir con sus obligaciones.

El médico especialista en cirugía estética egresado de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), Alfredo Berlanga Muciño, explicó que una o dos cirugías de las 30 mensuales que en promedio practica, son realizadas a menores de edad con el previo consentimiento de sus padres.

Propietario de una clínica privada en la que lleva a cabo alrededor de 10 procedimientos quirúrgicos distintos, explicó que el bombardeo de estereotipos de cuerpos delgados en los medios de comunicación y querer destacar entre sus amistades o buscar ser más atractivas para el sexo opuesto, son causas por las cuales las adolescentes deciden operarse.

Entre lo más solicitado está el aumento de senos, la lipoescultura y, cada vez con mayor presencia, el tratamiento para rejuvenecer los genitales femeninos o la corrección de malformaciones congénitas.

Para la investigadora de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMéx, Gabriela Villafaña Montiel, el objetivo de someterse a estos procedimientos radica en la inconformidad que las personas sienten sobre su cuerpo, así como en la necesidad de ser observadas, ante un vacío emocional, lo que se convierte en un culto a la imagen corporal.

Agregó que la posibilidad de practicarse una operación no solo está al alcance de estratos socioeconómicos altos, pues los costos oscilan entre 6 mil y 60 mil pesos cuando se realizan varios a la vez, como liposucción con abdominoplastia o aumento de glúteos junto con corrección de muslos, por ejemplo. Una intervención apegada a los lineamientos de salubridad y de cuidado de los pacientes requerirá de un equipo de nutriólogos, psicoterapeutas y médicos internistas para determinar la viabilidad de la operación; hasta que el candidato a la cirugía haya superado problemas como baja autoestima, malos hábitos alimenticios o sedentarismo, no se le practicará intervención alguna; explicó el especialista Berlanga Muciño.

El médico cirujano resaltó que durante los últimos cinco años, la solicitud de cirugías en Toluca ha aumentado y es un recurso del que se abusa, pues ocho de cada 10 pacientes, principalmente mujeres, sostienen que es la clave para resolver problemas de pareja, baja autoestima o sobrepeso. No es así, hay que seguir un régimen, transformar la dinámica de vida cotidiana.

La publicidad de este tipo de clínicas afirma que los precios de un “arreglo” en casi cualquier parte del cuerpo, están al alcance de todos. Para Villafaña Montiel, catedrática universitaria que ha realizado investigación acerca de la concepción psicológica del cuerpo, abundó que las intervenciones quirúrgicas se comercializan como cualquier otro producto en espectaculares; sin embargo, abandonan la advertencia de que una mala práctica puede producir estragos en la salud y, en casos más graves, provocar la muerte.

La percepción de la belleza personal puede volverse adictiva, pues luego de la primera intervención quirúrgica el paciente puede querer someterse a una segunda o hasta una tercera para verse aun físicamente mejor sin tomar en cuenta los riesgos que conlleva, coincidieron ambos especialistas.