17 de abril de 2014 / 06:02 p.m.

Francisco dió muestras de agotamiento en ciertos momentos. Aún así , con la ayuda de dos religiosos superó las dificultades físicas para arrodillarse y levantarse del cojín blanco en el que se apoyaba antes de verter el agua, secar y besar los pies de los escogidos, entre los que se encontraba un joven musulmán.

 

El Vaticano.- El Papa Francisco ha vuelto a protagonizar una de esas escenas que han hecho de su pontificado uno de los más mediáticos de la historia. El argentino volvió a arrodillarse este Jueves Santo para cumplir con su particular ritual de lavarle los pies a doce discapacitados. El acto, que fue celebrado en la Iglesia 'Fondazione Don Carlo Gnocchi - Centro Santa Maria della Provvidenza' situada a las afueras de la capital italiana, conmemora la última cena de Jesús con los doce apóstoles antes de ser arrestado y condenado a muerte.

Francisco dió muestras de agotamiento en ciertos momentos. Aún así , con la ayuda de dos religiosos superó las dificultades físicas para arrodillarse y levantarse del cojín blanco en el que se apoyaba antes de verter el agua, secar y besar los pies de los escogidos, entre los que se encontraba un joven musulmán.

"La herencia que Jesús nos dejó es la de ser servidores, unos a los otros", dijo Francisco en su sermón al comenzar el ritual "Lavar los pies es un gesto simbólico, porque eran los esclavos, los siervos, los encargados de lavar los pies a los invitados, porque en esa época las carreteras eran de tierra y cuando se llegaba a una casa era necesario lavarse los pies", explicó.

El año pasado, el papa argentino lavó los pies a un grupo de jóvenes detenidos, entre ellos dos chicas, en la cárcel para menores de Roma de 'Casal del Marmo', en una inédita ceremonia de Jueves Santo. Cuando el papa era el cardenal Jorge Bergoglio solía celebrar la misa del Jueves Santo con el lavatorio de pies en cárceles, hospitales, residencias para ancianos u hospicios para pobres.

Reuters