15 de mayo de 2014 / 05:26 p.m.

Ciudad del Vaticano.- La migración forzada significa en algunas regiones del mundo una tragedia humana y es el momento de enfrentarla con una perspectiva política seria y responsable a todos los niveles, señaló hoy el Papa Francisco.

En un discurso ante siete nuevos embajadores que presentaron sus cartas credenciales ante la Santa Sede, el pontífice hizo énfasis en la migración forzada y en los retos que plantea a la paz el comercio de armas.

Señaló que en el tema de la migración forzada hay "casos maravillosos de humanidad, de acogida, de encuentros: personas y familias que han logrado salir de una realidad inhumana y han vuelto a descubrir la dignidad, la libertad, la seguridad". 

Pero también, "hay desgraciadamente historias que nos hacen llorar y avergonzarnos", dijo.

"Seres humanos, hermanos y hermanas nuestros, hijos de Dios, que llevados por el deseo de vivir y trabajar en paz, se enfrentan a travesías extenuantes y sufren el chantaje, la tortura, vejaciones de todo tipo, para terminar a veces muertos en el desierto o en el fondo del mar", agregó.

Francisco recordó que un reto para la paz que salta a la vista y que por desgracia “asume en algunas regiones y en determinados momentos el carácter de una tragedia humana verdadera y propia es el de la migración forzosa”.

Expuso que es un fenómeno muy complejo y reconoció los esfuerzos de organizaciones internacionales, de los Estados, las diversas fuerzas sociales y religiosas para responder “de forma civil y organizada a los aspectos más críticos, a las emergencias y a las situaciones de mayor necesidad”.

Pero, incluso en este caso, “nos damos cuenta de que no podemos limitarnos a correr tras las emergencias. El fenómeno se ha manifestado ya en toda su amplitud y de una forma que hace época”.

En ese sentido, resaltó que ha llegado el momento de enfrentarlo "con una perspectiva política seria y responsable que toque todos los niveles: mundial, continental, de macro-regiones, de relaciones entre las naciones, hasta el ámbito nacional y local". 

Según Francisco, el fenómeno de la migración forzosa “está estrechamente vinculado a los conflictos y las guerras, y por lo tanto también al problema de la proliferación de las armas”.

"Son las heridas de un mundo que es el nuestro, en el que Dios nos ha puesto a vivir hoy y nos llama a ser responsables de nuestros hermanos y hermanas para que ningún ser humano sea violado en su dignidad", indicó el pontífice.

Anotó que sería una contradicción absurda hablar de la paz, negociar la paz y, al mismo tiempo, promover o permitir el comercio de armas.

"También podríamos pensar que, de alguna manera, sería una actitud cínica proclamar los derechos humanos y, al mismo tiempo, ignorar o no hacerse cargo de hombres y mujeres que obligados a abandonar sus tierras mueren en el intento o no son acogidos por la solidaridad internacional", agregó.

Según el Papa, todo el mundo habla de paz, todos afirman que la desean, pero por desgracia la proliferación de armas de todo tipo conduce en la dirección opuesta.

“El comercio de armas tiene el efecto de complicar y alejar la resolución de conflictos, tanto más en cuanto que se desarrolla y se lleva a cabo en gran parte fuera de la ley”, señaló.

Consideró que “mientras estamos reunidos en esta Sede Apostólica, que por su naturaleza está llamada a servir en especial la causa de la paz, podemos unir nuestras voces para desear que la comunidad mundial inaugure una nueva estación de esfuerzo concertado y decidido que se oponga al aumento de los armamentos y favorezca su reducción”.

"La paz, esta palabra resume todos los bienes a los que aspira cada persona y todas las sociedades humanas", dijo Francisco.

Subrayó que, "incluso el esfuerzo con que queremos promover las relaciones diplomáticas no tiene, en último análisis, otro propósito que este: conseguir que en la familia humana crezca la paz, en el desarrollo y la justicia".

"Se trata de una meta que nunca se ha alcanzado plenamente y cuya búsqueda se replantea siempre a cada generación según los desafíos de la época", reconoció.

Los nuevos embajadores recibidos por el pontífice fueron Pierre-Yves Fux (Suiza), Rudolf P. von Balimoos (Liberia), Nega Tsegaye Tessema (Etiopia), y Nasreldin Ahmed Wali Abdeltif (Sudan).

Además de Margaret Ann Louise Jobson (Jamaica) Claudinah Ntini Ramosepele (Sudáfrica) y Mysore Kapanalah Lokesh (India).

"La Santa Sede afirma ante ustedes y ante sus respectivos países su firme voluntad de seguir colaborando para dar pasos hacia adelante en estos frentes y en todos los caminos que conducen a la justicia y la paz, basándose en los derechos humanos reconocidos universalmente", afirmó.

Notimex